Con la llegada de agosto, muchas personas pueden comenzar a experimentar mayor cansancio físico y emocional, especialmente después de varios meses enfrentando responsabilidades laborales, académicas y familiares.
El inicio del segundo semestre también coincide con bajas temperaturas, menor exposición a la luz natural y la percepción de que todavía queda tiempo para alcanzar los próximos períodos de descanso.
Esta combinación puede generar un escenario donde el agotamiento comienza a sentirse con mayor intensidad y, en algunos casos, termina afectando diferentes aspectos de la vida cotidiana.
Viviana Tartakowsky, directora de la Escuela de Psicología de la Universidad Bernardo O’Higgins (UBO), abordó los factores que pueden aumentar el desgaste durante este período del año.
“Ya se siente el cansancio acumulado del año. A las exigencias laborales y académicas se suma la sensación de que aún falta para las Fiestas Patrias y las celebraciones de fin de año. Si además una persona está a cargo de niños, niñas y adolescentes, enfrenta un desgaste adicional al sostener también el cansancio de sus hijos e hijas”, explicó.
Las señales del agotamiento a las que prestar atención
Uno de los puntos importantes está en no normalizar automáticamente un estado persistente de agotamiento, atribuyéndolo exclusivamente al invierno, las obligaciones o el ritmo habitual de cada persona.
Entre las señales mencionadas aparecen alteraciones del sueño, cambios bruscos de peso, disminución de las defensas, problemas en las relaciones personales y dificultades para enfrentar las responsabilidades habituales.
La especialista advirtió que cuando estos síntomas adquieren mayor intensidad y comienzan a interferir en diferentes ámbitos de la vida, podrían estar relacionados con cuadros más severos de estrés o ansiedad.
“Cuando hablamos de un cuadro de estrés o ansiedad más severo, los síntomas son más intensos y comienzan a interferir en distintas áreas de la vida. Pueden presentarse problemas permanentes en el ciclo sueño-vigilia, cambios bruscos de peso, bajas de defensas y una sensación de no poder manejar la situación. Por eso el autoconocimiento y la autoobservación son fundamentales para reconocer cuándo el malestar supera nuestras propias capacidades de afrontamiento”, afirmó Tartakowsky.
¿Cómo enfrentar el desgaste emocional?
La prevención adquiere especial importancia durante estos períodos. Según la académica, conocer las propias señales y reconocer cuándo es necesario solicitar apoyo puede ayudar a proteger la salud mental.
También resulta relevante mantener redes de apoyo presenciales, conversar con personas de confianza y disponer de espacios donde sea posible encontrar acompañamiento y contención emocional.
“Conocerse a uno mismo permite identificar qué acciones ayudan a proteger la salud mental y también reconocer cuándo es necesario pedir apoyo. Contar con redes de apoyo presenciales, conversar con personas de confianza y encontrar espacios de contención emocional son factores protectores muy relevantes. Y para quienes están criando niños, niñas y adolescentes, es clave no hacerlo en soledad: ejercer la coparentalidad y apoyarse en la familia y el sistema educativo ayuda a distribuir la carga y favorece el bienestar de todos”, enfatizó.
El fenómeno también puede observarse entre universitarios. Desde el Centro de Atención Psicológica de la Universidad Bernardo O’Higgins (CAPUBO) señalaron que las consultas suelen aumentar hacia los cierres de semestre, coincidiendo con evaluaciones y exámenes.
Por ello, prestar atención a cambios persistentes en el descanso, el ánimo y la capacidad para enfrentar las actividades cotidianas puede resultar importante para reconocer cuándo el cansancio está superando lo habitual.