La República Democrática del Congo (RDC) superó la barrera de los 3.000 fallecidos por un brote de ébola que continúa expandiéndose en el este del país, convirtiéndose en la epidemia más mortal registrada en su territorio.
Según el último balance del Instituto Nacional de Salud Pública congoleño, actualizado hasta el 31 de agosto, la emergencia sanitaria acumula 6.186 casos confirmados y 3.007 personas fallecidas, con una tasa de letalidad cercana al 48,6%.
El brote fue declarado oficialmente el pasado 15 de mayo en la provincia de Ituri, en el noreste del país, y posteriormente se extendió a otras zonas. Actualmente, las autoridades mantienen vigilancia activa en seis provincias, entre ellas Tshopo, Bas-Uélé, Haut-Uélé, Kivu del Norte y Kivu del Sur.
Una de las peores crisis de ébola en la historia del país
La actual epidemia ya superó en número de víctimas al brote registrado entre 2018 y 2020 en el este de la RDC, que dejó cerca de 2.300 fallecidos. Solo permanece por debajo del gran brote de África Occidental entre 2014 y 2016, que provocó más de 11.000 muertes.
La emergencia está siendo provocada por la variante Bundibugyo del virus del ébola, una cepa para la cual actualmente no existe una vacuna ni un tratamiento específico aprobado.
Las autoridades sanitarias han advertido que la respuesta enfrenta múltiples dificultades, entre ellas problemas de acceso a zonas afectadas por conflictos armados, debilidades en los sistemas de vigilancia, resistencia de algunas comunidades y dificultades para realizar rastreo de contactos.
Dificultades para contener la propagación
La Organización de Naciones Unidas llamó a reforzar con urgencia la respuesta internacional ante el avance del virus, señalando que la expansión en zonas con inseguridad dificulta la detección de casos, el aislamiento de pacientes y la atención médica.
Además, cerca del 60% de las muertes se han registrado fuera de centros de tratamiento, lo que refleja los problemas para detectar tempranamente los contagios y garantizar atención oportuna a los pacientes.
Como parte de las medidas para contener el avance, las autoridades iniciaron campañas de vacunación dirigidas principalmente a trabajadores sanitarios utilizando la vacuna Ervebo, desarrollada para otra variante del virus, aunque se estudia su posible protección frente a la cepa Bundibugyo.
La OMS y organismos internacionales mantienen seguimiento del brote, mientras continúan las labores para reducir la transmisión y evitar una expansión mayor dentro de la región.