Con el fallecimiento del Papa Francisco, la Iglesia Católica entra en una nueva etapa decisiva con el inicio del cónclave en la Capilla Sixtina. Son 133 los cardenales con derecho a voto, todos menores de 80 años, quienes tienen la tarea de elegir al nuevo pontífice en un proceso secreto, sin campañas públicas ni discursos. Aunque la deliberación se realiza a puertas cerradas, ya han surgido nombres destacados entre los llamados “papables”: cardenales que reúnen las condiciones políticas, teológicas y simbólicas para convertirse en el nuevo sucesor de San Pedro.
Entre los más mencionados se encuentran figuras clave del entorno del Vaticano, como el italiano Pietro Parolin, actual secretario de Estado, con amplia experiencia diplomática y un rol central durante el pontificado de Francisco. También destacan Pierbattista Pizzaballa, Patriarca latino de Jerusalén, cuya presencia pública aumentó tras sus llamados a la paz en Medio Oriente, y Matteo Zuppi, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, con amplia labor en mediaciones internacionales, incluida Ucrania.
De otros rincones de Europa emergen nombres como Jean-Marc Aveline, arzobispo de Marsella y promotor del diálogo interreligioso; Péter Erdö, arzobispo de Budapest y firme defensor del cristianismo europeo; y Jean-Claude Hollerich, jesuita luxemburgués con una mirada abierta a los cambios sociales. Desde el norte, el sueco Anders Arborelius aporta una perspectiva distinta desde una Europa secularizada.
América también presenta candidatos relevantes, como Robert Francis Prevost, prefecto del Dicasterio para los Obispos y con experiencia misionera en Perú, y Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York, conservador, carismático y figura mediática reconocida.
Asia y África también se hacen presentes con figuras como Antonio Tagle, el “Francisco asiático” por su defensa de los marginados; Charles Maung Bo, primer cardenal birmano y voz por la reconciliación en su país; Peter Turkson, de Ghana, considerado hace años como posible primer Papa africano; y Fridolin Ambongo, de la República Democrática del Congo, crítico de las reformas recientes y defensor de una Iglesia más conservadora en valores.
El maltés Mario Grech, secretario del último Sínodo sobre el futuro de la Iglesia, completa esta lista con su enfoque equilibrado entre apertura pastoral y tradición.
Aunque la elección es secreta y muchas veces impredecible, la diversidad de trayectorias, regiones y sensibilidades que representan estos cardenales reflejan los desafíos y oportunidades que enfrenta la Iglesia en un mundo profundamente fragmentado. La mirada está puesta ahora en la Capilla Sixtina, donde el Espíritu Santo y el consenso humano deberán guiar la decisión que marcará el rumbo del catolicismo global.