El aumento de los fenómenos de calor se debe al cambio climático y pueden generan el padecimiento de estrés calórico, una de las consecuencias de esto es que entre 2030 y 2050 causaría unas 250.000 defunciones adicionales cada año. Además del estrés calórico, esa cantidad de muertes serán causadas también por el paludismo, la malnutrición y la diarrea.
El informe “Las Olas de Calor y la Salud: orientación sobre el desarrollo del sistema de alerta de la OMS”, advierte también que la venta minorista de ropa, alimentos y el turismo también pueden verse afectados, por lo que puede haber ‘ganadores y perdedores’ socioeconómicos de los eventos de olas de calor.
En 2003 ya se vivió una gran cantidad de muertes en toda Europa entre julio y agosto, siendo el desastre natural que ha provocado el mayor número de víctimas entre los años 1970 y 2012 con un total aproximado de 70.000 personas.
En España hubo 15.090 fallecidos según el Atlas de la mortalidad y las pérdidas económicas provocadas por fenómenos meteorológicos, climáticos e hidrológicos extremos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
En nuestro país en tanto, durante el 2018 también se registraron los más altos niveles de temperatura preocupantes, en Santiago y Valparaíso, se alcanzó los 34ºC en plena primavera. Meteochile confirmó que “las temperaturas extremas parecieran ser agentes silenciosos del clima: uno no ve directamente el calor, a diferencia de las lluvias o los tornados. Esto las hace más peligrosas porque las personas pueden sentir que no necesitan protegerse de las altas temperaturas, especialmente los grupos más vulnerables de la población”.