El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó con trasladar agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) a los aeropuertos del país en medio del conflicto con los demócratas por la paralización presupuestaria que afecta al Departamento de Seguridad Nacional.
La advertencia se da en un escenario donde el sistema aeroportuario enfrenta problemas operativos debido a la falta de financiamiento, lo que ha impactado el funcionamiento de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) y generado retrasos en distintos terminales del país.
“Moveré al ICE a los aeropuertos”
A través de su red Truth Social, Trump lanzó una advertencia directa a la oposición, responsabilizándola por la situación en los aeropuertos.
“Si los demócratas de la izquierda radical no firman de inmediato un acuerdo para que nuestro país, en particular nuestros aeropuertos, vuelvan a ser libres y seguros, trasladaré a nuestros brillantes y patriotas agentes de ICE a los aeropuertos”, afirmó.
El mandatario añadió que estos agentes asumirían funciones de seguridad con medidas más estrictas. “Harán seguridad como nunca antes se ha visto, incluyendo el arresto inmediato de todos los inmigrantes ilegales”, sostuvo.
Crisis por falta de financiamiento
La amenaza se produce en medio de un cierre parcial del Departamento de Seguridad Nacional, que ha dejado a trabajadores sin remuneraciones y ha provocado escasez de personal en aeropuertos, generando largas filas y demoras en los controles.
El conflicto se ha intensificado tras el rechazo en el Congreso a proyectos de financiamiento impulsados por la administración Trump, lo que mantiene bloqueadas las negociaciones entre el oficialismo y la oposición.
Críticas y dudas sobre la medida
La propuesta ha generado cuestionamientos en sectores políticos y expertos, quienes advierten que el ICE no está diseñado para cumplir funciones de seguridad aeroportuaria, lo que podría generar problemas operativos y legales.
Mientras continúan las negociaciones, la situación en los aeropuertos sigue bajo presión, en un escenario marcado por la tensión política y el debate sobre el uso de agencias migratorias en tareas de seguridad interna.