La amenaza del mandatario estadounidense volvió a sacudir el escenario internacional, justo cuando la zona enfrenta un severo deterioro de seguridad, ataques sobre infraestructura estratégica y una fuerte presión sobre el mercado energético global.
El propio Trump publicó el mensaje en Truth Social, donde escribió: “Si Irán hace algo que detenga el flujo de petróleo en el Estrecho de Ormuz, será golpeado por Estados Unidos VEINTE VECES MÁS FUERTE de lo que ha sido hasta ahora”.
En el mismo texto agregó: “muerte, fuego y furia reinarán sobre ellos, pero espero y rezo que eso no suceda”. Sus palabras aparecieron en una jornada marcada por señales cruzadas desde Washington.
Ormuz queda en el centro de la crisis petrolera y militar
El trasfondo de esta advertencia es especialmente delicado. El estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico y por esa vía pasa cerca de un 20% del petróleo mundial.
Por eso, cualquier alteración en su funcionamiento impacta de inmediato el precio del crudo, los costos logísticos y las expectativas de inflación en distintos países.
La actual escalada ya provocó una interrupción severa del tránsito marítimo en la zona, con embarques afectados y un mercado que sigue atento a cualquier señal sobre una eventual reapertura o una profundización del bloqueo.
En paralelo, el conflicto militar también ha subido de intensidad. Autoridades estadounidenses aseguraron que en los primeros diez días de ofensiva fueron atacados más de 5.000 objetivos, incluidos más de 50 buques iraníes.
Ese escenario refuerza el riesgo de una confrontación más amplia, sobre todo porque Ormuz no solo es un punto clave para el petróleo, sino también para la estabilidad estratégica de todo el Golfo.
A esto se suma la presión directa de la Guardia Revolucionaria iraní, que en sus comunicaciones recientes ha insistido en que la continuidad del conflicto podría seguir golpeando la navegación y el flujo energético regional.
En ese contexto, la nueva amenaza de Trump eleva aún más la incertidumbre sobre el rumbo de la guerra. Mientras la Casa Blanca insiste en mostrar capacidad de disuasión, la posibilidad de una interrupción prolongada en Ormuz mantiene en alerta a gobiernos, navieras y mercados.