Las “midterms” en Estados Unidos se celebran este martes y representan una prueba política para el presidente Donald Trump. Estos comicios, que se realizan a mitad del período presidencial, permiten renovar la totalidad de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y algunas gobernaciones estatales. Su resultado puede cambiar el equilibrio de fuerzas en el Congreso de Estados Unidos y condicionar el resto de la administración.
Pero su relevancia va más allá de la distribución del poder legislativo, “históricamente, estas elecciones también funcionan como una evaluación de la gestión del mandatario en ejercicio. Desde 1994, con Bill Clinton, la mayoría de los presidentes estadounidenses ha perdido escaños en los comicios de medio término. Una de las excepciones fue George W. Bush, en 2002”, detalla Isidora Puga, doctora en Historia, experta en Estados Unidos y académica del Instituto de Historia de la Universidad de los Andes (Uandes)
Para Puga, esta vez el escenario adquiere una importancia particular, porque Trump ha gobernado mediante decretos y ha contado con un Congreso afín a sus iniciativas. Por eso, un cambio en la correlación de fuerzas podría dificultar la implementación de su agenda durante la segunda mitad de su mandato.
La guerra con Irán y el impacto en el bolsillo de los estadounidenses
Otro factor que podría influir en el resultado es la política exterior de Trump y sus conflictos internacionales, particularmente la guerra con Irán. Aunque estos temas no suelen ser determinantes en las elecciones de medio mandato, la académica advierte que pueden adquirir relevancia cuando sus consecuencias llegan directamente a la economía de los hogares.
En ese sentido, Puga apunta a la distancia entre las promesas iniciales del mandatario y el desarrollo del conflicto, “Trump había anticipado una guerra de pocas semanas con Irán, pero esta se ha extendido durante varios meses, en un contexto de baja aprobación presidencial y de cuestionamientos sobre la existencia de una estrategia clara para ponerle fin”.
La experta también advierte sobre un desgaste político menos evidente: el distanciamiento de algunos de los propios votantes de Trump, incluso cuando no manifiestan públicamente sus diferencias con el mandatario.