En una nueva edición de Agenda Agrícola, el programa reunió a cuatro voces clave del mundo rural para analizar el despegue del avellano europeo, el auge de los vinos ancestrales campesinos, y un avance científico que podría transformar la viticultura nacional.
Los invitados a esta nueva edición fueron Hans Holzhauer, gerente de Tattersal Campos; Rodrigo Pavez de INDAP, Juan José Chávez, presidente de la Cooperativa de Destilados del Maule y Patricio Arce, investigador senior y director del Instituto de Ciencias Aplicadas de la Universidad Autónoma de Chile.
Holzhauer destacó el crecimiento explosivo del avellano europeo en el país. “En 20 años crecimos de 3.000 hectáreas a cerca de 50.000 hectáreas plantadas”, comentó. A su juicio, la especie se ha convertido en una alternativa atractiva por su cosecha mecanizada, baja demanda de mano de obra y rentabilidad estable.
Vinos ancestrales y cooperativismo: tradición que vuelve a brillar
Desde INDAP, Rodrigo Pavez resaltó el buen momento de las cepas patrimoniales del Itata y el Maule, impulsadas por concursos internacionales como Catad’Or. “Existe una historia, una cultura detrás de estos vinos, y queremos que la gente los pueda conocer”, afirmó.
En esa línea, Juan José Chávez, presidente de la Cooperativa de Destilados del Maule, narró cómo la organización logró una doble medalla de oro con su brandy de uva país. “Nosotros hacíamos vino a la manera antigua. INDAP nos guió y empezamos a buscar las bondades de la uva país”, comentó. También hizo un llamado a los pequeños agricultores a perseverar y no bajar los brazos.
Ciencia chilena desarrolla vides resistentes al oídio
Finalmente, el investigador Patricio Arce presentó una innovación que podría cambiar la vitivinicultura: vides capaces de resistir el hongo oídio sin uso intensivo de fungicidas. Detalló que después de 30 años de investigación ya están viendo frutos. La clave está en incorporar genes dominantes de resistencia mediante cruzamientos con variedades emblemáticas como Cabernet Sauvignon, Merlot y Sauvignon Blanc.
Arce indicó que estas nuevas vides permitirían reducir costos, proteger el ambiente y mejorar la competitividad del vino chileno. “El hongo no se desarrolla en ellas y, por consiguiente, no requeriría aplicaciones de fungicida”, sentenció.
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