Durante las últimas semanas, una nube visible desde distintos puntos de la Región Metropolitana ha cubierto la capital. Sin embargo, no se trata de un fenómeno atmosférico, sino de contaminación acumulada producto de las condiciones ambientales y las emisiones presentes en la cuenca de Santiago. La región ya suma 12 alertas ambientales y tres preemergencias, mientras que otras ocho regiones del país también han registrado episodios críticos de contaminación.
En total, el fenómeno afecta a más de 15 millones de personas, equivalentes a cerca del 76% de la población de Chile, transformándose en un problema que va mucho más allá de la capital.
La doctora Patricia Matus, académica del Departamento de Salud Pública de la Universidad de los Andes (Uandes) e investigadora en contaminación atmosférica, advierte que la exposición a niveles elevados de contaminantes tiene consecuencias para toda la población, aunque los efectos más graves se concentran en grupos vulnerables.
“La contaminación atmosférica, por sobre los niveles que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda, producen efectos e impactos en la salud en toda la población, porque todos tenemos que respirar, pero no hay duda que los más vulnerables son los menores de edad, los lactantes y los adultos mayores, además de cualquier persona que tenga una patología respiratoria o cardiovascular”, detalla la doctora.
La especialista explica que Chile ha realizado esfuerzos importantes para fortalecer las normas de calidad del aire y los planes de descontaminación. Sin embargo, asegura que existe una contaminación de carácter estructural debido a las características geográficas del país y a las limitaciones de ventilación de las distintas cuencas atmosféricas. “Somos muy dependientes de que haya buena ventilación y en general no tenemos buena ventilación en ninguna cuenca atmosférica del país”.
Electromovilidad y energía limpia
Respecto de las soluciones, Matus señala que mejorar la calidad del aire requiere decisiones de política pública e inversión. Entre ellas menciona el impulso a la electromovilidad en la Región Metropolitana y el avance hacia sistemas de calefacción y cocción más limpios en otras zonas del país, donde aún predomina el uso de leña y, en algunos casos, carbón.
La académica también destaca que existen medidas que podrían implementarse de manera más rápida, como fortalecer la educación y la comunicación hacia la ciudadanía durante los episodios críticos de contaminación, “sí es efectivo educar a la población para que cada uno evite aumentar la exposición en esos días”, menciona.
Según explica, entregar información clara sobre los horarios de mayor riesgo y las actividades que conviene evitar puede ayudar a reducir la exposición de las personas, especialmente en jornadas donde la calidad del aire alcanza niveles perjudiciales para la salud.