La confirmación oficial de la presencia de El Niño costero en el océano Pacífico abrió un nuevo escenario climático para Chile. Aunque el fenómeno podría incrementar las precipitaciones en la zona centro y centro-sur del país, especialistas advierten que sus efectos no deben interpretarse de manera automática ni como una solución definitiva a la crisis hídrica.
La confirmación fue realizada por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), organismo que detectó las condiciones ambientales necesarias para declarar el desarrollo de El Niño costero en el Pacífico ecuatorial.
El fenómeno se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales y por cambios en la circulación atmosférica, factores que modifican los patrones de temperatura, precipitaciones y eventos extremos en distintas regiones del mundo.
El académico del Departamento de Geografía de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile e investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), Pablo Sarricolea, explicó que la declaración oficial requiere la concurrencia de distintos factores climáticos.
“La declaración se hace cuando se cumplen dos condiciones a la vez: las temperaturas del Pacífico ecuatorial superan el promedio en 0,5 °C y el componente atmosférico acompaña. Esto refleja un acoplamiento océano-atmósfera, que es lo que distingue El Niño real de un simple calentamiento superficial del mar”, señaló Pablo Sarricolea, académico de la Universidad de Chile e investigador del CR2.
Más lluvias no significan el fin de la sequía
Según la NOAA, existe un 63% de probabilidad de que El Niño costero alcance una categoría muy fuerte entre noviembre y enero. Sin embargo, el investigador llamó a interpretar esa información con cautela.
“No es correcto asociar automáticamente El Niño con más lluvias en Chile, porque hay otras condiciones que las modulan. La relación es probabilística y no de causa-efecto. El mensaje correcto es que El Niño mueve la aguja hacia más lluvia, no que garantiza lluvia”, enfatizó Sarricolea.
El especialista advirtió que un aumento en las precipitaciones no necesariamente se traducirá en una recuperación efectiva de las reservas de agua.
“El punto crítico para el agua es que más lluvia no equivale automáticamente a más reservas utilizables. El Niño tiende a elevar la isoterma cero, así que parte de lo que normalmente sería nieve podría caer como lluvia líquida en cordillera”, explicó.
De acuerdo con el académico, esta situación podría reducir la acumulación de nieve y afectar la disponibilidad de agua durante la primavera y el verano. Además, el incremento de lluvias líquidas en sectores cordilleranos podría provocar crecidas repentinas, turbiedad en los ríos, interrupciones en el suministro de agua potable y remociones en masa.
“Puede mejorar la disponibilidad de agua en lo inmediato, pero no necesariamente ser tan aprovechable”, sostuvo el investigador.
Asimismo, Sarricolea recordó que la megasequía que afecta a la zona central se mantiene vigente.
“La megasequía lleva más de una década de déficit estructural en Chile central. Un invierno húmedo de El Niño es una pausa, no una reversión de la sequía. La recuperación de acuíferos y aguas subterráneas va muy por detrás de lo que aporta una sola temporada”, afirmó.
Riesgos asociados a El Niño y llamado a la preparación
El investigador señaló que el principal desafío para el país no será únicamente la escasez hídrica, sino también la ocurrencia de eventos extremos asociados a precipitaciones intensas.
“El principal riesgo no es solo la falta de agua, sino la posibilidad de mucha agua junta: aluviones, anegamientos y marejadas”, indicó Pablo Sarricolea.
Las regiones comprendidas entre Valparaíso y La Araucanía, así como el Norte Chico y el borde costero, aparecen entre las zonas que requerirán una vigilancia especial durante los próximos meses.
En este contexto, el académico recomendó fortalecer la mantención de sistemas de drenaje urbanos, revisar infraestructura expuesta a inundaciones y adoptar medidas preventivas en el sector agrícola y en la gestión de embalses.
Finalmente, Sarricolea descartó escenarios catastróficos para el próximo invierno y llamó a evitar interpretaciones alarmistas.
“Olvídense del ‘Godzilla’ para este invierno. No es una categoría científica, y la intensidad en el Pacífico no se traduce mecánicamente en lo que cae de lluvia sobre tu comuna, pues hay otros forzantes”, concluyó el académico.
El especialista insistió en que El Niño costero aumenta la probabilidad de ciertos impactos, pero no determina por sí solo el comportamiento climático de los próximos meses. “Más probabilidad de lluvia, sí; solución a la sequía, no; motivo para prepararse, claramente”, concluyó Pablo Sarricolea.