Este fin de semana, gran parte de Chile deberá adelantar sus relojes para dar inicio al horario de verano.
Más allá de tener tardes con mayor luz natural o amaneceres más tempranos, la modificación vuelve a instalar una discusión que se repite cada vez que se acerca esta fecha: si el país optara por mantener un solo esquema durante todo el año, ¿cuál sería más conveniente desde el punto de vista de la salud?
Dr. Andrés Glasinovic, médico familiar y académico de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes (Uandes), explica que la respuesta puede abordarse desde la cronobiología y la salud pública. “Nuestro reloj biológico está diseñado para sincronizarse con el ciclo luz-oscuridad natural”, señala.
¿Qué ocurre cuando adelantamos el reloj?
El paso al régimen estival obliga al organismo a adaptarse a una nueva relación entre las actividades cotidianas y la luz ambiental. Glasinovic advierte que estas modificaciones semestrales, particularmente cuando los relojes se adelantan, generan un desajuste biológico que puede traer consecuencias en los días posteriores.
Entre ellas, el especialista menciona estudios que han documentado un aumento de eventos cardiovasculares y de accidentes de tránsito mortales durante los días posteriores a la transición al horario de verano.
Frente a la pregunta sobre cuál alternativa resulta más favorable, el Dr. Glasinovic sostiene que la evidencia disponible se inclina hacia una de ellas. “La evidencia científica actual sugiere que el horario de invierno es la opción que mejor se alinea con el ritmo circadiano humano”, afirma.
La postura que cita el académico de la Uandes coincide con la de la American Academy of Sleep Medicine (AASM), organismo que, según explica, considera que mantener un horario estándar permanente es la mejor alternativa para la salud por favorecer una mayor alineación circadiana.