Las declaraciones de Jorge Ugalde Parraguez y Trinidad Cruz‑Coke Japke, imputados por el homicidio del fotógrafo Eduardo Cruz‑Coke y sus dos hijos, revelan inconsistencias claves en la investigación del Ministerio Público.
El 18 de octubre, Ugalde llamó a Carabineros tras encontrar los cuerpos en la casa de Cruz‑Coke en La Reina. Sin embargo, cámaras corporales y registros de tiempo contradicen su relato: habría llegado al lugar media hora antes de alertar a la policía. Aseguró que una perrita lo llevó a la escena, pero las imágenes muestran otro recorrido.
Trinidad Cruz‑Coke, hermana del fotógrafo, dijo haber estado en Pichilemu comprando un terreno cuando ocurrió el crimen. Aunque imputada, sigue en libertad. Su rol y movimientos están bajo investigación.
Un antecedente previo y pruebas clave
En noviembre de 2024, Eduardo fue hospitalizado por una presunta intoxicación tras consumir un producto que, según Ugalde, él mismo le llevó. La Fiscalía investiga si este hecho está ligado al actual caso y al conflicto familiar por temas hereditarios.
Entre las pruebas incautadas en el domicilio de los imputados figuran una máscara de gorila con sangre del fotógrafo y una pistola de balines. Ugalde admitió comprarlas, aunque alegó que eran para su nieto.
Los antecedentes sugieren un intento de simular un robo, lo que agrava la situación procesal de los acusados. La investigación sigue en curso con nuevos peritajes y análisis.