Comer más saludable, reducir las porciones y aumentar la actividad física son recomendaciones habituales para bajar de peso. Sin embargo, los resultados pueden disminuir, estancarse o revertirse.
La evidencia científica muestra que la dificultad para mantener el peso perdido no depende únicamente de la alimentación, sino también de mecanismos del organismo que regulan el peso corporal.
¿Qué ocurre en el organismo al perder peso?
“La regulación del peso corporal es mucho más compleja que una decisión voluntaria sobre cuánto comer”, explica el Dr. Sebastián Berroeta, médico nutriólogo y director médico de Clínica Nueva Estoril.
Según el especialista, el cerebro integra señales hormonales, disponibilidad de energía, composición corporal y estímulos del entorno para regular el hambre, la saciedad y el gasto energético.
Una revisión científica publicada en marzo de 2025 en Current Obesity Reports analizó mecanismos fisiológicos relacionados con la recuperación del peso después de una reducción.
El trabajo identificó cambios persistentes en regiones cerebrales vinculadas con el control del apetito, además de posibles influencias de la composición corporal y otros procesos biológicos.
Los investigadores advierten que todavía se necesitan más estudios para establecer el papel causal de algunos de estos mecanismos.
“Después de perder peso pueden aumentar señales que favorecen el hambre, disminuir señales de saciedad y reducirse el gasto energético”, señala Berroeta.
Parte de esta disminución resulta esperable porque un cuerpo más liviano necesita menos energía. Sin embargo, algunas personas también pueden presentar una adaptación metabólica adicional.
¿Por qué aparece el estancamiento?
Estos mecanismos también ayudan a explicar uno de los fenómenos que más frustración genera: la meseta.
Una persona puede perder varios kilos durante los primeros meses y posteriormente dejar de bajar de peso, aunque mantenga la misma alimentación y actividad física.
“La meseta es una parte esperable del proceso y no significa automáticamente que el tratamiento haya dejado de funcionar”, aclara el especialista.
Al reducirse el peso corporal, también disminuye la energía necesaria para mantenerlo. Por eso, una estrategia que inicialmente generaba una pérdida importante puede dejar de producir los mismos resultados.
A estos mecanismos se suman factores que pueden pasar inadvertidos, como dormir pocas horas, estrés, genética, algunas enfermedades y determinados medicamentos.
Entre estos últimos se encuentran los corticoides y algunos tratamientos psiquiátricos. También influyen las condiciones socioeconómicas, las jornadas laborales y el acceso real a una alimentación saludable.
Por ello, Berroeta advierte que las dificultades para bajar de peso no deben atribuirse automáticamente a un problema hormonal.
Aunque enfermedades como el hipotiroidismo pueden influir, una evaluación adecuada debe considerar los antecedentes médicos, medicamentos, sueño, salud mental y hábitos alimentarios.
¿Cuándo consultar a un especialista?
El especialista recomienda buscar evaluación médica cuando existe un aumento de peso progresivo o difícil de explicar, aparecen enfermedades asociadas o se recuperan reiteradamente los kilos perdidos pese a cambios sostenidos.
Entre las condiciones asociadas menciona diabetes, hipertensión y apnea del sueño. La evaluación puede incluir glicemia, perfil lipídico y función hepática.
También pueden solicitarse estudios adicionales según los antecedentes de cada paciente, sin necesidad de pedir indiscriminadamente exámenes hormonales.
“El objetivo no debería ser simplemente alcanzar el menor número posible en la balanza”, enfatiza Berroeta.
El especialista apunta a reducir el riesgo cardiometabólico, mejorar enfermedades asociadas, preservar masa y función muscular, favorecer la movilidad y calidad de vida y, especialmente, conseguir resultados sostenibles.
El cambio de enfoque resulta relevante porque la OMS reconoce la obesidad como una enfermedad crónica que requiere atención individualizada y seguimiento a largo plazo.
Por ello, el éxito de un tratamiento no debería medirse únicamente por los kilos perdidos, sino también por las mejoras en la salud y la posibilidad de mantener los resultados con el tiempo.