La Universidad de Chile, la empresa privada, el Ministerio de Agricultura y el Gobierno mexicano se han unido para introducir en nuestro país este cereal de altísima calidad nutritiva y gran potencial comercial. Una planta noble, que resiste las sequías, y sobrevive en los suelos más pobres ya ha sido testeada con éxito en San Fernando y Pichidegua.
Introducir la producción de superalimentos extranjeros en las tierras chilenas se está convirtiendo en una opción más que interesante para diversos organismos. Uno de estos cultivos es el amaranto, una planta profusamente producida en el territorio mexicano que tiene atraídos a investigadores, empresarios, gobierno y por supuesto pequeños agricultores del país.
El amaranto es reconocido como un alimento de altísima calidad, potente en cuanto a proteínas y antioxidantes, algo que lo puede hacer igual de atractivo que la quínoa en la cocina de los chilenos. Al mismo tiempo, la planta tiene características especiales que la convierten en un vegetal resistente a climas complejos de alta escasez hídrica y suelos pobres, un panorama que ya se hace común por ejemplo en el secano de nuestra región.
La Dra. Cecilia Baginsky, académica de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, y jefa en nuestro país del proyecto “Fomento al cultivo y consumo de amaranto: Potenciación Chile-México” explica el origen de esta investigación “este es un cultivo del que conocíamos por la literatura, sabemos que es un cultivo con una gran cantidad de propiedades beneficiosas para la salud, y como en algún momento ya se había introducido en Chile la quínoa como cultivo también ancestral de América, vimos una potencialidad en el amaranto porque es muy similar en términos de las características de la planta, aunque también tiene importantes diferencias. Al mismo tiempo una empresa nos llamó como Facultad para que los apoyáramos en la necesidad de introducir el amaranto en Chile y de esa forma partió el interés por él”.
La experta agrega que durante este proceso, una alianza estratégica con México ha sido fundamental para el éxito del proyecto. “Con este proyecto dijimos de dónde sacamos variedades para probarlas en Chile y ahí la unión con México fue fundamental porque ellos han desarrollado y probado muchas variedades y la unión con nosotros es para que nos faciliten material genético, nosotros lo probamos en Chile y por otra parte nosotros como apoyamos a México en generación de nuevos formatos de alimento a partir de las hojas, los granos y otros. Esa unión será muy potente porque podremos entregar a México nuestra expertise en términos del proceso de este alimento”, subraya la experta.
UNA PLANTA NOBLE QUE YA DA FRUTOS EN LA SEXTA REGIÓN
El valor del amaranto no solo se centra en el alto estándar nutritivo de su hoja o de su grano sino también en el hecho que es una plata que se adapta con facilidad a climas drásticos. Las investigaciones que ha liderado la U. de Chile se han hecho en tres centros experimentales, uno en Santiago y dos en nuestra región, ubicados en una escuela agrícola en San Fernando y en Larmahue, Pichidegua donde un productor decidió participar cultivando amaranto con un sentido comercial.
Los resultados para los expertos a cargo del proyecto han sido bastante positivos. “Para Chile el amaranto tiene más bondades que obstáculos. A nivel de cultivo es un cultivo muy poco exigente en cuanto a recursos de suelo o agua, resiste muy bien el déficit hídrico y es ideal para zonas donde no hay posibilidades de riego. En algunos ensayos que hicimos en la sexta región un agricultor que sembró amaranto y nunca lo regó, cosechó una vez, e incluso el agricultor cortó la planta y esta volvió a brotar y nuevamente está produciendo panoja y nunca se ha regado, eso demuestra que es un cultivo muy noble porque tiene alta eficiencia con poca agua. Además no requiere grandes cantidades de fertilizantes u otros insumos, se da bien en suelos pobres, y esa es una gran ventaja para agricultores que por razones de no tener agua han dejado de lado sus suelos y hoy podrían dar una nueva rentabilidad a estos”, indica Cecilia Berginsky quien explica además como se comprobó de manera fácil la fortaleza de este cultivo.
“Con el productor de Larmahue nosotros quisimos sembrar una variedad que era la que habíamos sembrado siempre en Chile y él la sembró de manera comercial, y lo manejó como maneja su maíz, y una parte del cultivo lo regó como regaba el maíz y otra zona no la regó nunca. El que regó como maíz no necesitó tanto riego porque la planta estuvo lista para cosecha antes que los maizales y la zona que no tuvo riego también creció. Ahora él está probando como cosechar de manera comercial y como trillarlo porque es un cultivo que hay que tecnificar, ya que necesitaría demasiada mano de obra para su cosecha y ya no sería viable comercialmente”.
UN ALTO POTENCIAL COMERCIAL
Los buenos resultados obtenidos en los centros experimentales ya dan pie para que los pequeños agricultores estén esperando el momento de comenzar a producir este cereal. Una importante cosecha por hectárea y buenos precios de mercado auguran que el amaranto puede ser un éxito. “Hace un par de años sembré una hectárea de amaranto y logramos sacar 5 mil kilos por hectárea, que es altísimo porque el grano es sumamente pequeño, pero ara redoblar el promedio está en 2 mil kilos por hectárea- explica la investigadora de la U. de Chile-. Es más, al igual que la quínoa que se vende inflada, el grano de amaranto podría venderse también inflado y en ello estamos trabajando así con 100 gramos de grano de amaranto podríamos sacar 10 bolsas de amaranto inflado, dando de esa manera un valor agregado a este grano reventándolo”.
Finalmente Cecilia Berginsky subraya que siempre será clave en el negocio que los chilenos decidan incluir este alimento a su dieta diaria : “como no hay amaranto en Chile hoy los precios son bastante altos, estamos hablando sobre 6 o 7 mil pesos el kilo de amaranto como grano, y los precios disminuirán seguramente en la medida que se siembre amaranto en Chile pero nosotros apuntamos a generar un grano o un alimento de uso masivo, no queremos que sea gourmet, sino que toda la población y principalmente los niños que tienen indicadores de obesidad muy altos lo consuman. Para mí es como un circulo virtuoso en la medida que haya una empresa interesada en el amaranto y va necesitar de productores que lo siembren y este círculo necesita de demanda, por eso tenemos que generar la necesidad en la población y lo haremos a través de la comercialización de un producto innovador, libre ojalá de etiquetas, donde la empresa vea en él un negocio que se traspase a los productores y le dé rentabilidad a sus tierras”, sentenció la investigadora.
Fuente: El Rancahuino