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El auspicioso despegue de las cerezas en el sur

El auspicioso despegue de las cerezas en el sur

En La Araucanía y los Lagos, vacas, trigo y pasto son reemplazados por nuevas plantaciones de cerezas, empujadas por las buenas rentabilidades del fruto. El boom implica además una importante alza en el valor de la tierra.

cerezas frescasLos manzanos que tiene desde hace 17 años Liliana Camelio y su familia en su campo cercano a Traiguén, en La Araucanía, están en flor. Es una mañana de mediados de octubre y el único sonido del lugar proviene de las abejas que circulan entre los árboles. En el mismo huerto, a pocos metros, hay varias hileras podadas a tocón y solo se ven pequeños troncos blancos con ramas de nuevas variedades recién injertadas, que volverán a producir frutas dentro de dos años.

Detrás de los manzanos, alejado de la plantación de arándanos y de los potreros destinados a cultivos anuales, en una loma suave de pastos verdes, está el lugar donde, el próximo año, plantará por primera vez 17 hectáreas de cerezos, para los cuales está generando ella misma las plantas.

“Hoy, con las liquidaciones que he visto de gente de la zona que está en producción, una hectárea de cerezos renta seis veces más que mis manzanas, y no tiene comparación con el trigo. Por eso voy a plantar y para diversificarme, porque pasaré a tener tres frutales y si me va mal un año con alguno, me salvaré con los otros”, explica Liliana Camelio, quien maneja el campo que comparte con su madre y tres hermanos.

No es la única que tiene el ojo puesto en las cerezas. Desde hace cuatro meses, preside un Grupo de Transferencia Tecnológica (GTT) de cerezos recién formado que reúne a 17 productores de La Araucanía, la mayoría de ellos de Angol y Mulchén, en una región donde hasta el año pasado solo había 53 huertos según los datos de Ciren, frente a los 1.229 del Maule, la principal zona productora de cerezos de Chile.

Algunos ya tienen superficie en producción y otros proyectan plantar a corto plazo, una vez que tengan disponibles las plantas que han encargado, que, debido a la fuerte demanda, se deben reservar con dos años de anticipación en los viveros.

“Normalmente los GTT tienen entre 12 y 15 participantes. Nosotros tuvimos que cerrarlo en 16 y no podemos recibir más, aunque hay un montón de gente que quiere participar y si siguiéramos abiertos llegaríamos fácilmente a 25 productores”, comenta Liliana Camelio, y asegura que la mayoría del grupo tiene de cinco hectáreas hacia arriba, y que entre todos suman entre 400 y 500 hectáreas de cerezos en la región.

El interés también se extiende por el resto del sur del país, especialmente en la Región de Los Lagos, en zonas cercanas a Osorno, donde la mayor parte de las nuevas plantaciones corresponden a productores de la zona central y exportadoras que buscan extender la temporada de producción de cerezas con huertos más tardíos, para ampliar las semanas en que Chile puede ofrecer esta fruta, mientras que entre los agricultores locales han reaccionado más lento.

De hecho, viveros y empresas de la zona estiman que entre La Araucanía y Los Lagos este año se plantarán mil hectáreas y otras mil el próximo año, las que representan alrededor del 10% de lo que se está plantando a nivel nacional.

Alta rentabilidad

La familia Reckmann se ha dedicado por décadas a la producción de leche en La Unión, en la Región de Los Lagos. Son cooperados de Colun y actualmente tienen 150 vacas en ordeña, un plantel que redujeron hace algunos años debido a los bajos precios de la leche, desde 250 vacas, y que planean seguir disminuyendo para dar prioridad a un nuevo rubro: los cerezos.

En una búsqueda por diversificarse, en 2010, plantaron dos hectáreas de cerezos, siendo la primera experiencia de la familia con frutales, los que dieron buenos resultados y que hoy prácticamente sustentan el campo, lo que los llevó a sumar otras dos hectáreas en 2015 y seis el año pasado.

“Este año, el precio de retorno fue de US$ 9 por kilo y si sacas diez toneladas exportables por hectárea, rentas unos $30 millones al año, mientras que la rentabilidad de una hectárea de lechería es de $400 mil al año, por lo que ya tenemos claro cuál es el negocio y a futuro queremos seguir plantando”, comenta Christopher Reckmann.

Reconoce que a futuro es probable que los precios de las cerezas tiendan a bajar, pero insiste en que aún si fuera de US$ 5, el costo de producción no supera los US$ 2 por kilo, por lo que sigue siendo un negocio más atractivo que la leche, al que se le deben destinar los gastos iniciales que necesita.

“Yo usé los productos de mejor calidad para las aplicaciones y logré exportar 13 mil kilos por hectárea… Y, por no tener techo, perdí 7 mil kilos de fruta con una lluvia esta temporada, que con los US$ 9 por kilo lo hubiese pagado tranquilamente”, advierte.

Pese a la alta rentabilidad de las cerezas, son pocos los productores locales que están plantando en Los Lagos. La mayoría de los proyectos nuevos, comentan en la zona, son de cereceros del norte.

“La gente lechera está acostumbrada a tener liquidez todos los meses. Le tienen miedo a estar cuatro años gastando plata sin tener rentabilidad. Además, ya tienen inversiones altas, como un patio de alimentación que cuesta $120 millones y que no pueden dejar parado, pero no se han dado cuenta de que hay que ir cambiando de a poco, porque las lecherías chicas no son rentables a largo plazo”, explica Christopher Reckmann.

El productor Cristóbal Velasco, quien se dedica desde 2001 al avellano europeo y partió el año pasado con dos hectáreas de cerezos en la localidad de Trumao, cercana a Osorno, cree que otra de las limitantes para los agricultores locales es la inversión inicial, que alcanza los $40 millones por hectárea para alguien que ya tiene el terreno, considerando la instalación de techos.

“También existe una barrera cultural, de no aceptar innovaciones, porque son productores muy tradicionalistas, que no salen de la leche, carne y granos, porque desviar 10 hectáreas del campo a cerezos no les implicaría mucho. Las pocas plantaciones de gente de acá son de personas más jóvenes, al igual que en los avellanos”, plantea, y reafirma que el interés de inversionistas y agricultores de la zona central es fuerte, porque al menos una vez a la semana aparece alguien interesado en plantar que visita su huerto.

Llegar tarde

El agrónomo y productor Andrés Valdivia comenzó a plantar cerezas hace 20 años en Osorno. Su experiencia lo lleva a asegurar que ya está claro qué funciona bien para la zona. Hoy está a cargo de la producción de Viveros Rancagua, que hace dos años se instaló en esa ciudad para vender cerezos para la zona sur, producidos en el sur.

En los últimos años, dice que no solo la rentabilidad de los huertos ha llamado la atención -asegura que bordea los US$ 30 mil por hectárea sin problemas, frente a unos $300 mil anuales de una engorda de ganado-, sino que también el alza en el valor del suelo.

“Por la venida de las exportadoras de cerezas, que llegaron a buscar campos, el valor del suelo en estos dos últimos años ha subido y produjo un boom. Cualquiera hoy sabe que los precios son distintos que hace tres años y eso es un efecto directo de la cereza, porque no son los mismos campos que se plantan con avellanos”, comenta. También dice que solo en este vivero venderán un millón de plantas en 2018, para unas mil hectáreas, y adelanta que tienen casi cerradas las ventas para 2019 por una superficie similar.

“Eso es solo la venta nuestra, faltan todos los otros viveros”, recalca Valdivia, quien tiene 45 hectáreas de cerezos y está plantando 80 hectáreas más con socios.

El giro hacia el sur se explica por la búsqueda de ampliar las semanas de cosecha, donde la mayor parte hoy se concentra entre noviembre y diciembre, y que en La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos puede desarrollarse entre enero y mediados de febrero.

Una de las ventajas de los productores sureños es que no requieren invertir en packings, ya que pueden aprovechar los del norte, que se desocupan en diciembre, y desde los cuales se espera exportar unos 30 millones de cajas de cerezas en la temporada 2017-2018. El sur tiene el espacio libre para igualar ese volumen de fruta en las otras semanas.

“A diferencia de otras especies, no tenemos que desarrollar mercados, porque la demanda ya está. Si salimos con fruta de buena calidad podemos llegar a volúmenes de venta muy interesantes, con un mercado maduro. El potencial de crecimiento de la cereza en el sur es enorme”, destaca Andrés Valdivia.

En cuanto a las variedades, la mayoría está plantando regina, que es la más tardía y que, al mismo tiempo, llega en buenas condiciones a China, donde es reconocida por su firmeza, calibre y buen sabor, ya que no existen muchas alternativas atractivas de variedades idóneas para la zona sur.

“Este año nos están llegando cinco variedades nuevas que vamos a probar en Osorno, en el vivero, pero hay que validarlas y no tendremos esas opciones antes de cinco años”, detalla Valdivia.

Exportar directo

Ricardo Aguilera es una voz autorizada en las cerezas. En su oficina, luego de recorrer parte de las 215 hectáreas de cerezos que tiene distribuidas en tres campos en los alrededores de Angol, pide disculpas por sentirse monotemático al hablar tanto de esa fruta, a la que ha dedicado buena parte de su vida.

Comenzó como productor hace 17 años en esa zona, cuando las cerezas no eran una especie común de encontrar en La Araucanía. Hasta hace cuatro meses era el gerente del Vivero Copequén -el principal productor de cerezos de Chile- y también gestionaba el área de cerezos de la exportadora David del Curto, lo que dejó de lado para enfocarse en el nuevo paso de su proyecto personal: exportar directo sus cerezas.

Tuvo la primera experiencia en este ámbito en la temporada 2016-2017, cuando envió su fruta a China como Trumao Export, y admite que fue más fácil de lo que pensaba.

“Hoy cualquier persona puede exportar. Chile tiene una muy buena calidad de servicios y nosotros tratamos de externalizar lo que no somos expertos, para dedicarnos a producir buena fruta”, asegura.

En ese sentido, destaca que el desafío que se ha propuesto es desarrollar una marca para diferenciar sus cerezas a futuro, cuando los precios ya no sean tan atractivos como hoy y el volumen de fruta chilena sea mayor, algo que miran con atención productores como los que junto con él forman parte del GTT.

“En un momento va a venir una diferenciación en las cerezas, y nosotros tratamos de hacerlo al ser productores y exportadores, al mandar contenedores que son todos del mismo productor, de una sola variedad y que vienen del mismo campo. Tienen la trazabilidad completa y un comprador chino sabe que mi fruta siempre va a ser igual y que no hay variabilidad dentro del container”, explica, ya que normalmente las exportadoras tradicionales envían distintas variedades en un mismo contenedor, porque para ellas es más difícil lograr la homogeneidad de la fruta.

Aunque reconoce que exportar directo es la meta que se han planteado muchos productores que están entrando al negocio, cree que deben ir quemando etapas de a poco, como ha sido su caso, para no cometer errores y evitar una atomización excesiva en los envíos de las cerezas.

“Para una persona que tiene dos o tres contenedores por temporada puede ser complejo. Cuando eres muy pequeño cuesta mucho diferenciarte en el mercado, porque solo vas a estar presente unas semanas… En ese sentido, creo que las exportadoras tradicionales tienen un rol importante que cumplir en la cereza”, proyecta Ricardo Aguilera.

Como su foco está puesto en la calidad, comenta que enfría la fruta recién cosechada en hidrocooler, en el campo, y la envía al packing de Curicó -con el cual hizo una alianza para el proceso de la fruta- cuando está en 5 grados Celsius, algo que cree que podrían hacer otros productores de la zona.

También cree que la actual temporada será una prueba de fuego para la industria de la cereza, si se logran cosechar los 30 millones de cajas que están previstos a nivel nacional.

“Si es así, será un año récord, con un aumento de 50% en la producción de un año a otro. Será una buena prueba para la cosecha, los packings, el mercado, para toda la industria, y podremos ver cómo nos podemos preparar para cuando tengamos 60 millones de cajas en producción, de las cuales 50 millones ya están plantadas”, proyecta.

1.000 hectáreas de cerezos se plantarían este año entre La Araucanía y Los Lagos, y otras mil en 2018.

30 millones de cajas se exportarían en 2017-2018.

30 mil dólares por hectárea dejarían las cerezas versus $300 mil/año de 1/ha de engorda de ganado.

Fuente: Revista del Campo

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