Se trata de la línea andes, desarrollada por el programa de mejoramiento genético Australis Breeding, la cual destaca por su buena productividad, calibre y poscosecha.
Mejorar genéticamente una especie hasta obtener una nueva variedad es una tarea compleja, que normalmente toma más de una década de trabajo.
En el país, desde 1998, cuando Rodrigo Infante, docente de la U. de Chile y doctor en Investigación de la Universidad de Bolonia, se acercó a A.N.A. Chile con la idea de desarrollar un programa de mejoramiento genético (PMG) en duraznos y nectarines, comenzó a trabajarse en el tema. La idea era buscar variedades que permitieran subsanar el mayor problema que tenían las variedades introducidas: su corta vida de poscosecha, lo que terminaba por dificultar los estándares de los viajes de la fruta chilena.
“Al traer variedades de duraznos y nectarines desde otros países, nos dimos cuenta que si bien estas podían ser productivas y tener buena apariencia, no necesariamente soportaban el tiempo de poscosecha que nosotros requeríamos”, comenta Rodrigo Cruzat, gerente de Biofrutales.
Fue así como nació el PMG Australis Breeding, el cual contó con el financiamiento inicial de Corfo. En 2006, el programa pasó a formar parte del consorcio Biofrutales, alianza que permitió reunir más recursos para seguir adelante con el proyecto.
Después de mucho andar, a partir de 2011, comenzaron a concretarse las primeras variedades: andes nec uno, andes nec dos, andes nec tres y andes nec cuatro, las que además de ser muy buenas en términos de productividad y calibre, presentaban una adecuada forma (no tenían demasiada punta), maduración (no lo hacían demasiado rápido en el árbol) y vida de poscosecha.
María Clara Ogno, jefa de productos carozos de A.N.A. Chile, señala que el interés por las variedades de nectarines andes ha sido alto, principalmente porque se trata de variedades chilenas, desarrolladas y evaluadas en nuestras condiciones de clima y suelo. De hecho, hasta 2016 habían plantadas 243 hectáreas y para fines de este año esperan alcanzar las 300 ha.
Paralelamente, Rodrigo Cruzat indica que según el Anuario de Viveros de 2015 y 2016 un cuarto de la venta de plantas de durazno y nectarines corresponde a variedades andes.
“Que un programa chileno tenga el 25% de participación es importante. Se debe a que son parámetros pensados para la industria chilena. Hay validación local”, dice el gerente de Biofrutales.
Desde A.N.A. Chile informan que de las cuatro variedades andes, andes nec cuatro es la más plantada. “Es una variedad con pulpa blanca, cosecha en la última semana de diciembre y muy buenos resultados de exportación, con vida de poscosecha sobre 45 días”, añade María Clara Ogno.
Fuente: Revista del Campo