Esta tecnología, que recién comienza a extenderse por los campos del país, promete aumentar la eficiencia de la fertilización y mejorar la operatividad de todo el proceso. A continuación cuatro expertos en nutrición analizan a fondo su potencial.
La fertilización es, sin dudas, una de las labores que más incidencia tiene en el resultado productivo que se obtenga en el campo, por lo que llevarla a cabo de buena forma, aparece como una misión primordial para los productores.
Es en medio de ese desafío que en los últimos años se ha venido haciendo cada vez más común en los campos chilenos la utilización de los llamados fertilizantes líquidos, los cuales, a diferencia de los sólidos tradicionales, vienen solubilizados en agua y, por ende, se encuentran listos para ser distribuidos por el sistema de riego tecnificado del predio.
“Esto, en la práctica, permite que los agricultores no tengan la necesidad de estar haciendo las mezclas, lo que en la práctica significa mayor comodidad y también disminuir los riesgos, ya que siempre está la opción de equivocarse”, indica Iván Vidal, docente del Departamento de suelos y recursos naturales de la Universidad de Concepción.
Si bien esta tecnología no es nueva —se utiliza hace 20-30 años en países desarrollados— en Chile recién está empezando a entrar, de la mano de algunos agricultores que buscan mayor comodidad.
Para Dante Pinochet, académico del Instituto de Ingeniería Agraria y Suelos de la Universidad Austral de Chile, la lentitud con la que esta tecnología ha penetrado en el país, se debe principalmente a que el universo de hectáreas productivas que cuentan con riego tecnificado —uno de los principales requerimientos para usar esta tecnología— aún es bastante limitado.
“En Chile, en la actualidad, las hectáreas con riego tecnificado no son más de 1.200.000, lo que comparado con todo el universo, que llega a 8.000.000 de hectáreas, es bastante poco”, asegura.
Otro aspecto que ha influido en este panorama, a juicio de Juan Hirzel, investigador en fertilidad de suelos y nutrición de plantas del INIA Quilamapu, es el extremo conservadurismo que muchos productores chilenos muestran a la hora de desarrollar la agricultura.
“Si bien la fruticultura y la horticultura son los candidatos naturales para usar esta tecnología, ya que cuentan con riego tecnificado, la gran expansión en superficie en el país se encuentra, en la actualidad, en los cultivos industriales, que son extensivos. Son justamente los agricultores dedicados a estos negocios los que se muestran más reacios a todo los nuevo”, afirma.
Cuestión de precio
Para Carlos Sierra, especialista en fertilización de suelos y columnista de El Mercurio Campo, la lenta masificación de la fertilización líquida en Chile está relacionada más bien con los altos precios que muestran por estos días los productos disponibles en el mercado respecto a los tradicionales.
“Yo calculo que el costo por unidad de estos productos debe ser 20%-40% más alto que el de los tradicionales. Tal vez si estos bajaran, los productores aumentarían su interés”, dice.
Cabe destacar que en Chile la oferta de fertilizantes líquidos se limita a productos como los tiosulfato de potasio y de amonio, algunos foliares (ver recuadro), y nutrientes básicos, cuya única diferencia con los tradicionales es su presentación líquida. De hecho, el fertilizante líquido más usado en el país es UAN 32, una formulación que contiene nitrógeno en tres diferentes estados: uréico, amoniacal y nítrico, el cual fue probado hace algunos años por el INIA, con el fin de que los productores nacionales tuvieran toda la información antes de utilizarlo.
Así, la pregunta que surge es: ¿al final del proceso, la utilización de esta herramienta se justifica? De acuerdo a Juan Hirzel, la respuesta es sí.
“Un productor que comienza desde cero y tiene contemplado fertirriego, por supuesto que sacará cuentas positivas. Y es que recuperará la inversión, dejando de gastar en bodegaje y lugares de acopio. En general, hay un incremento en el costo inicial, pero que a la larga todo se recupera ahorrando en otros ítems”, asegura.
En ese contexto, quienes los han usado indican que las bajas en los costos vienen de un menor uso de mano de obra, ya que serán los propios camiones los que cargarán y descargarán los grandes estanques (en promedio de 1.000 litros) que se ubicarán en un lugar específico del campo, cada vez que el productor lo requiera. Tampoco se gastará en la aplicación, pues, como se ha dicho anteriormente, esta se llevará a cabo por medio del sistema de riego.
Paralelo a ello, con esta metodología de trabajo, en la que no se requieren sacos, las posibilidades de que se produzcan robos o pérdidas de material, se reducen de forma importante.
“Es súper común que te roben sacos de fertilizantes. En cambio, con los fertilizantes líquidos, para realizar un robo necesitarían un camión o un vehículo grande”, señala Carlos Sierra.
La mayor ventaja
Pero más allá de mejorar la operatividad de las labores, los fertilizantes líquidos parecieran generar más beneficios. Eso es al menos lo que dicen las empresas comercializadoras de estos productos, las cuales aseguran que estos productos pueden hacer que la fertilización sea más eficiente.
Según Dante Pinochet, estos fertilizantes tienen la ventaja de que, como se pueden aplicar a través del sistema de riego, se pueden parcializar de manera más fácil. Esto, en la práctica, es ideal desde el punto de vista de la aplicación de la fertilización nitrogenada.
“A través de este sistema se puede ir modificando esta nutrición, de acuerdo a las necesidades del cultivo, evitando así riesgos de pérdida de producto. De todas maneras existirá una mayor eficiencia en su uso”, asegura.
De hecho, advierte que al usarlos en huertos frutales, especialmente en aquellos donde existieran problemas de control del nitrógeno, se podría conseguir una eficiencia extra de alrededor de 5%, en el caso de este elemento específico.
Muchos de estos productos, además, traen incorporadas algunas formulaciones con adiciones de aminoácidos o estimuladores de crecimiento, de manera de suplementar el crecimiento de la planta, especialmente el de especies frutales, con la nutrición. Esto, en teoría, podría mejorar el desarrollo del sistema en su conjunto.
En ese contexto, Carlos Sierra comenta que el hecho de que estos productos ya vengan solubilizados, disminuye las opciones de que durante la fertilización se produzca algún problema de precipitación.
“En rigor, se está mezclando un líquido, el fertilizante, con otro, que en este caso es el agua de riego, lo que sin dudas es muy positivo”, agrega.
Esto, a su vez, llevará a que la mezcla líquida fluya de manera más uniforme por el sistema de riego y, por ende, llegue de forma más pareja a los distintos lugares del predio.
“Los fertilizantes sólidos, en cambio, muchas veces se van solubilizando de a poco, lo que va generando una entrega dispareja en el sistema de riego”, explica Carlos Sierra.
Para Iván Vidal, en cambio, la real eficiencia en la fertilización la logra el productor al realizar la dosificación de manera correcta.
“Se debe aspirar a lograr una buena sincronización entre el aporte de nutrientes y la demanda de la planta. Sólo así se logrará una alta eficiencia”, afirma.
Como sea, es importante tener en cuenta que en Chile existen muy pocos estudios, por no decir ninguno, que haya analizado, de manera científica y seria, los efectos que tienen este tipo de productos en una realidad determinada.
“Lo que hay en la actualidad son pruebas de campo realizadas muchas veces por las mismas empresas que comercializan estos productos”, afirma Dante Pinochet.
Puntos en contra
Iván Vidal comenta que realizar un proceso de fertilización adecuado, implica a la vez llevar a cabo un completo monitoreo que incluya mediciones de suelo y análisis foliar. La idea es detectar exceso o déficit nutricional, lo que en la práctica llevará a que el productor pueda realizar un manejo de las dosis de nutrición.
“En este caso, al usar fertilización líquida estaríamos en un problema, pues la solución ya viene lista, por lo que no se podría manejar. La única opción sería solicitar a la empresa proveedora una mezcla diferente, lo que en la práctica incrementaría aún más los costos”, explica.
Carlos Sierra, por su parte, centra su preocupación en lo que se refiere a la huella de carbono, debido a que estos productos están compuestos mayoritariamente por agua y se transportan desde las grandes urbes.
“Hilando súper fino, lo que se está haciendo es mover grandes masas de aguas desde un lugar a otro y, con ello, gastando energía”, añade.
¿Ocupar o no?
Sumando y restando, Juan Hirzel cree que esta tecnología es una buena herramienta para los productores, siempre y cuando al final del proceso esta se pague.
“En Europa y los países desarrollados está ocurriendo, por lo que no veo por qué acá no podría mutar la forma en cómo se fertiliza. Creo que esto es el futuro del manejo”, indica.
Para Carlos Sierra, en tanto, si bien la fertilización líquida efectivamente puede generar algunas ventajas operativas, no son la panacea ni mucho menos.
“Si el agricultor es capaz de ocupar los fertilizantes granulares de buena forma, haciendo los cálculos y las aplicaciones como corresponden, se podrían alcanzar sin problemas los mismos resultados si se ocuparan los fertilizantes líquidos. Es decir, se podrían ahorrar el costo extra que tienen estos últimos”, explica.
Cuidado con las mezclas
Para Carlos Sierra, más allá de si se trata de un producto granular o líquido, es importante tener mucho cuidado con el uso de las mezclas de elementos, debido a que su uso continuo puede llevar a que se produzca un desequilibrio del suelo. Y es que las formulaciones que se apliquen no están hechas para cada predio ni para cada suelo. Por lo tanto, la cantidad de nutrientes que se estará aplicando al suelo será, en general, más que el que la planta en realidad requiere.“En ese contexto, yo creo que un productor debería trabajar con mezclas por unos cinco años, especialmente en campos nuevos, y luego dejar de hacerlo, con lo que se evitará que puedan ocurrir importantes problemas”, indica.
En el último tiempo han surgido una nueva gama de productos líquidos de aplicación foliar, los cuales están bastante más restringidos desde el punto de vista de disponibilidad de macronutrientes como fósforo, potasio, calcio y magnesio, entre otros. Por lo mismo, normalmente son usados para solucionar problemas puntuales, en los que estos productos entregan los nutrientes que el suelo carece.Dante Pinochet comenta que a menudo estos productos son usados para aplicar micronutrientes y, con ello, solucionar potenciales problemas específicos que afectan a plantas o especies determinadas.
“En manzanos, por ejemplo, enfermedades como bitter pit son atacadas usualmente con este tipo de productos, que van a la parte aérea de la planta, ya que es muy difícil de corregir con productos hacia el suelo”, indica.
Algunas empresas comercializadoras de estos productos indican que algunos de ellos ayudan a mejorar la calidad de los frutos, lo que según el académico debe ser mirado de manera muy cautelosa, pues a la fecha no hay estudios serios que respalden esta idea.
“Hay que tener claro que no hay ningún producto mágico que arregle el problema de los suelos, por lo que antes usar cualquier alternativa de este tipo, que de paso es bastante cara, se debe descubrir el problema específico”, afirma Dante Pinochet.
Fuente: Revista del Campo