A 25 años del ataque a las Torres Gemelas, una médica argentina que en ese momento realizaba un postdoctorado en Nueva York recordó uno de los episodios más impactantes de su vida: pasar de ser una investigadora en genética a convertirse en voluntaria en Ground Zero.
Se trata de Alejandra Ciappa, quien conversó con Pedro Carcuro en “El Rompecabezas” de Radio Agricultura y relató cómo vivió desde la ciudad estadounidense la mañana del 11 de septiembre de 2001, cuando dos aviones impactaron contra las Torres Gemelas y provocaron una de las mayores tragedias de la historia reciente.
En ese entonces, Ciappa se encontraba trabajando en la Universidad de Columbia, realizando un postdoctorado relacionado con la genética de la enfermedad de Alzheimer. Según recordó, inicialmente no dimensionó la magnitud de lo que estaba ocurriendo.
“Vi en un televisor el impacto de la torre, y bueno, nada, uno sigue con la vida habitual hasta que empieza a ver que estaba pasando algo que es de una magnitud increíble”, relató.
La especialista explicó que la situación cambió cuando comenzó a comprender que no se trataba de un accidente, sino de un atentado. Nueva York, según su relato, pasó rápidamente de la rutina a un escenario de incertidumbre.
“Entendimos que era un atentado, que dos aviones habían impactado en las torres gemelas, y Nueva York se transformó en una ciudad caótica, como en las películas, la gente saliendo, los puentes llenos de autos, sin saber muy bien qué pasaba”, recordó.
Alejandra Ciappa llegó como voluntaria a Ground Zero
Tras conocer la caída de las Torres Gemelas, la médica decidió ofrecer su ayuda. Según explicó, sintió que podía aportar desde sus conocimientos profesionales ante la posibilidad de que existieran personas heridas.
“Yo sentí el llamado de que iban a necesitar médicos y iban a haber muchas personas lesionadas o muertas, y entendí que podía ayudar, así que por eso fue, es como esa intuición, que uno siente ese llamado y no hay nada que lo detenga”, contó.
La rescatista relató que se acercó a la American Red Cross, organización desde donde fue enviada junto a un grupo de profesionales de la salud hacia la zona afectada.
“Me mandaron al otro día a las 6 de la mañana a Chelsea Pierce, y desde ahí en un colectivo fuimos un grupo de médicos y personal sanitario, sin saber que íbamos directamente al Ground Zero”, explicó.
Ciappa permaneció tres días realizando labores de apoyo en el lugar donde antes se encontraban las Torres Gemelas. La escena que encontró, aseguró, fue completamente distinta a la ciudad que conocía.
“A una cuadra todo el majestuoso Nueva York era escombros, horror, un aire enviciado de un polvo gris, que parecía astillitas de hierro, porque estaba lleno de asbestos”, recordó.
Las consecuencias que dejó el ataque a las Torres Gemelas
Durante la conversación, la médica también abordó las consecuencias que tuvo la exposición al ambiente contaminado tras el atentado, especialmente para quienes trabajaron durante meses en la limpieza del lugar.
“En hijos de gente que estuvo en las Torres Gemelas, muchos quedaron en guardería; hoy tendrán veintitantos años, pero ya a los 17 años tenían trastornos de ansiedad y ataques de pánico”, expresó.
“Ese tipo de estrés en hijos de personas, de rescatistas de las Torres Gemelas y de víctimas quedó como algo del epigenoma, de cómo el medioambiente modifica la expresión de tus genes y lo transforma en enfermedad”, agregó.
Al recordar las historias que más la marcaron, Ciappa destacó especialmente los encuentros con personas que logró ayudar durante esos días.
La médica recordó el caso de Francesca, una mujer de avanzada edad que fue evacuada desde uno de los edificios cercanos al lugar del ataque.
“Me dio un abrazo (…) que me volvió la humanidad, y me dijo: ‘Nunca cambies tu forma de ser’, y como un niño me quedé en la rodilla de ella llorando”, relató emocionada.
Finalmente, Alejandra Ciappa aseguró que transformó aquella experiencia en una enseñanza de vida, enfocada en la resiliencia y la ayuda hacia otros.
“Todas esas cicatrices que quedan de la tragedia las he transformado en huellas de aprendizaje”, concluyó.