Creada en Chile, la silla Full Life no solo permite una vida sexual activa en personas con discapacidad, sino que se está posicionando como una herramienta terapéutica con impacto en la salud mental, emocional y física. Expertos proponen incluirla en planes clínicos de rehabilitación y terapia ocupacional.
La sexualidad es parte fundamental del bienestar humano, pero sigue siendo invisibilizada en contextos de discapacidad. La silla Full Life, diseñada y fabricada en Chile, está rompiendo ese silencio desde un enfoque innovador: combinar la restitución del derecho al placer con beneficios terapéuticos comprobables en el ámbito clínico.
“Recuperar la posibilidad de experimentar placer genera efectos profundos en la salud mental y emocional”, explica su fundadora Fernanda Arenas, quien ha trabajado por años con personas en situación de discapacidad. “No se trata solo de una ayuda técnica, sino de una experiencia de dignidad e inclusión. Observamos mejoras en el estado de ánimo, reducción de ansiedad y una mayor conexión con la identidad”.
Desde la psicología clínica y la terapia ocupacional, la experiencia íntima no es vista como un lujo, sino como una ocupación significativa que fortalece la autonomía, “el contacto, la estimulación sensorial y el movimiento activo ayudan a restablecer el mapa corporal en la corteza cerebral. El placer también es terapia”, señala.
Los beneficios no son sólo emocionales, fisiológicamente, el placer libera endorfinas y oxitocina, mejora el sueño, reduce el dolor crónico y fortalece el sistema inmune. Además, Full Life está siendo incorporada como herramienta complementaria en programas de rehabilitación física, donde se trabaja el posicionamiento, el control postural, la autonomía motora y la comunicación afectiva en pareja.
Actualmente, Full Life se fabrica en Chile con materiales certificados y adaptables. Se proyecta el desarrollo de versiones bariátricas, considerando que el deseo no tiene talla ni edad. La empresa está iniciando además alianzas con centros de salud, universidades y profesionales clínicos para impulsar investigaciones que midan su impacto en la salud integral.