La creatina, conocida principalmente por su uso en el ámbito deportivo, ha ampliado el interés de la medicina nutricional debido a investigaciones que exploran sus posibles efectos más allá del rendimiento físico.
Distintos estudios internacionales han analizado el papel de este compuesto en procesos relacionados con la respuesta inmunitaria y el funcionamiento energético de las células. Esta evidencia ha impulsado nuevas discusiones sobre sus posibles aplicaciones y sobre la forma en que los países regulan este tipo de productos.
La creatina participa en la disponibilidad de energía celular. Según las investigaciones mencionadas, este mecanismo podría favorecer el funcionamiento de células que forman parte de la primera respuesta del organismo frente a agentes infecciosos.
Entre ellas aparecen los macrófagos y neutrófilos, células que participan en la identificación y respuesta frente a microorganismos. Además, los antecedentes científicos citados plantean una posible relación con la regulación de procesos inflamatorios y con el funcionamiento de los linfocitos T durante infecciones prolongadas.
Sin embargo, el avance de la investigación internacional contrasta con la actual clasificación de la creatina en Chile, donde se comercializa de manera genérica como suplemento alimenticio o alimento destinado a deportistas.
Experto cuestiona el actual escenario regulatorio
El exdirector del Instituto de Salud Pública (ISP) y actual director de la carrera de Química y Farmacia de la Universidad del Desarrollo, Heriberto García, planteó reparos al sistema que regula estos productos.
A su juicio, el procedimiento vigente presenta diferencias importantes respecto de los estándares que podrían aplicarse a productos respaldados por investigación científica.
“El marco normativo actual crea una paradoja regulatoria. Para ser autorizado como suplemento alimenticio ante una de las 16 SEREMIs de Salud, basta declarar que el producto proviene de una planta alimenticia autorizada. Bajo este proceso no se exige acreditar el origen de los insumos, certificar Buenas Prácticas de Manufactura, demostrar el contenido real mediante análisis de laboratorio, ni presentar ensayos de eficacia”, explicó Heriberto García.
El especialista sostiene que esta situación genera un problema adicional cuando las empresas buscan comunicar los resultados de investigaciones sobre sus productos.
Según García, la normativa alimentaria puede impedir que las marcas informen determinadas propiedades asociadas a investigaciones científicas, debido a que estas características no necesariamente forman parte de las propiedades consideradas saludables bajo la regulación vigente.
En ese escenario, una comunicación que atribuya determinados efectos al producto podría generar cuestionamientos sanitarios y abrir la posibilidad de que las autoridades consideren una clasificación diferente.
García pide actualizar las normas para los nutracéuticos
El debate apunta así hacia la necesidad de establecer una categoría regulatoria que permita diferenciar los productos que cuentan con respaldo científico de aquellos que carecen de evidencia suficiente.
Para García, la situación de la creatina representa un ejemplo de las dificultades que enfrenta actualmente el país para abordar los llamados nutracéuticos.
“Este es el clásico ejemplo del ‘limbo regulatorio’ de un producto alimenticio con propiedades farmacológicas. Si hoy una marca promociona o da a conocer los resultados de investigaciones científicas en su producto, no se le considera una propiedad saludable bajo el reglamento de alimentos e incurre en una falta sanitaria, pues daría la razón para catalogarlo como medicamento. Urge una regulación adecuada, moderna y práctica para los nutracéuticos; esto aportaría sin duda al crecimiento económico, empleos y más inversión en investigación”, enfatizó el exdirector del ISP.
El especialista considera que una actualización normativa permitiría establecer criterios más claros para estos productos. El objetivo sería distinguir entre suplementos sin respaldo científico suficiente y aquellos que cuentan con investigaciones que avalan determinadas propiedades.
La discusión también incorpora una dimensión económica. De acuerdo con García, una regulación moderna podría favorecer la investigación científica, generar nuevos empleos y atraer inversiones al país.
En este contexto, la creatina aparece como uno de los productos que han impulsado el debate sobre los límites entre los suplementos alimenticios, los nutracéuticos y los medicamentos.
Por ahora, el experto plantea que Chile necesita avanzar hacia un sistema que entregue mayores certezas tanto a los consumidores como a las empresas. La propuesta busca combinar mayor control sanitario, evidencia científica y reglas claras para la comunicación de las propiedades de estos productos.
El debate se mantiene abierto mientras la investigación internacional continúa explorando los potenciales usos de la creatina más allá del rendimiento físico.