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El sacerdote Tito Rivera decidió leer una declaración pública, sin aceptar preguntas, luego de que el Arzobispado de Santiago enviara al Vaticano una solicitud de dimisión de su cargo por las acusaciones de abuso sexual al interior de la Catedral de Santiago y realizar dichos como que el «50% de los sacerdotes chilenos son homosexuales».

«Existe una realidad de pecado indesmentible que se vive en la Iglesia todos los días, no reconocerlo es taparse los ojos con las dos manos», comenzó diciendo Rivera.

«Se ha dicho que fui acusado de abusar de un señor débil y vulnerable, que he hecho afirmaciones en contra de las víctimas de abuso, en contra del ministerios sacerdotal, del matrimonio y del sacramento de la penitencia. Mi crítica no es a la práctica de estos, sino al incumplimiento que hacemos cuando, por la infidelidad, caemos», continuó declarando, agregando que «la debilidad humana permite la infidelidad y no alcanzar perfectamente el objetivo final». 

«La forma en que el señor (Daniel) Rojas ha llevado su denuncia, querella y demanda de indemnización de prejuicios, más me parece un montaje con fines de lucro ilegítimo. Él parece gozar con las fantasías sexuales que relata, afirma que sabía todo lo que pasaba en la pieza de arriba (refiriéndose a una dependencia, que no es de accedo público) en circunstancias, que siendo una dependencia privada no podría haber estado allí, ni observar lo que ocurría en su interior y que, sin embargo, afirma tan tajantemente en los relatos que hemos escuchado», se puede leer en el escrito.

«Nunca imaginé que ayudarlo, con la mejor de mis intenciones iba a servir para crear esta tremenda maquinación», lamentó el religioso, defendiéndose que jamás le suministró ninguna droga a al víctima.

Sobre sus dichos de homosexualidad, Rivera indicó que “se han dado porcentajes de homosexuales dentro de la Iglesia, mis declaraciones se refirieron al círculo en el que me he movido y de mí mismo, pero urge detectar qué porcentaje de nuestros ministros es pedófilo y además dilapidadores, porque a lo menos la pedofilia si es un delito«.

El sacerdote denunció que «durante mi experiencia, mi superioridad tuvo como hábito otorgar una segunda o tercera oportunidad a aquellos sacerdotes que fueron denunciados y fueron cambiados de parroquia o de ciudad, olvidando por completo a las víctimas y haciéndose, entonces, partícipes de los siguientes delitos».

Revisa sus declaraciones a continuación: