En el Chile de hoy, es necesario reflexionar sobre la necesidad de una formación ciudadana capaz de abarcar los diferentes aspectos de la ciudadanía.
Cómo país enfrentamos una crisis en torno a la concepción de lo que significa ser ciudadano. Aquello queda de manifiesto en la desafección frente a procesos cívicos, la institucionalidad, los símbolos patrios e incluso el desconocimiento de nuestros derechos y deberes. Estos problemas no son aislados, sino más bien síntomas de una atrofia más profunda en la cultura cívica de nuestra sociedad.
Parece importante entender que la formación ciudadana resulta ineludible en el desarrollo del ciudadano activo e involucrado en la sociedad, y que no dice relación de manera estricta con la instrucción de un conjunto de conocimientos teóricos sobre cuestiones formales, sino también con un desarrollo material. No obstante, la degradación de la cultura cívica va de la mano con factores externos a la formación ciudadana; no así impropios a ella.
La polarización política, la desconfianza en las instituciones, y la influencia de medios sociales masivos han contribuido significativamente a este fenómeno. La polarización ha llevado a una fragmentación social, agudizada por quienes buscan imponer narrativas ideológicas como verdades; dificultando el diálogo y la convivencia democrática. Por otro lado, la desconfianza en las autoridades y la institucionalidad, son alimentadas por constantes controversias y escándalos de corrupción que refuerzan la creciente apatía y desilusión de vastos sectores de la población.
Frente a aquellas cuestiones externas a la formación ciudadana, creo es un deber inherente y urgente proporcionar a la ciudadanía, y especial a las nuevas generaciones, las herramientas necesarias para enfrentar circunstancias extraordinarias. Para ello, es un deber de toda la sociedad cooperar con la integración de la cultura cívica en la cotidianidad, fomentando el análisis crítico frente a la información, el desarrollo de un pensamiento independiente y la habilidad de participar de manera constructiva en la discusión pública.
Es crucial que transformemos la formación ciudadana desde su concepción, es decir, comprender que más allá de una clase de instrucción académica, puede resultar en una práctica viva, dinámica y constante que involucra a todos los sectores de la sociedad. Sin distinción y de manera transversal, atendiendo a comportamientos inherentes a la persona desde la lógica de hacer siempre el bien y evitar el mal.
Fernando Cartes Martínez, director de JovenesXChile y estudiante de Derecho.