11Los días en los que se podía decir que un tipo de fruta u hortaliza en particular procedía exclusivamente de una región concreta son cosa del pasado. Un estudio reciente de la Royal Society ha demostrado lo globales que se han vuelto nuestros alimentos. La oferta de alimentos y los sistemas de producción agrícola de todo el mundo se componen de una amplia gama de cultivos derivados de distintas regiones primarias de diversidad, lo que indica un sistema global de alimentos completamente interconectado con respecto a los orígenes geográficos de los alimentos vegetales.

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Este fenómeno lleva años desarrollándose. Hace 100 años, el científico ruso N. I. Vavilov llegó a la conclusión de que se preferían los “centros de diversidad” antes que los “centros de origen” para referirse que las altas concentraciones de variedades de cultivos y las especies silvestres relacionadas no siempre se localizan precisamente donde se domesticaron inicialmente esos cultivos. Desde este estudio inicial, muchos científicos han investigado continuamente los orígenes y la diversidad de distintas frutas y hortalizas, lo que también ha dado lugar a un mejor conocimiento de los productos en sí y de cómo evitar enfermedades.

A menudo, las frutas y hortalizas concretas atribuidas a ciertos países proceden de una región diferente. Las bananas, por ejemplo, son originarias del Sudeste Asiático, pero una gran parte de la producción mundial se cultiva en Sudamérica. No hay nada más sinónimo de Italia que los tomates, que, en realidad, son originarios de los Andes, Sudamérica. Haga click aquí para ver un mapa interactivo creado por CIAT, que ilustra los resultados del estudio.
Las líneas regionales se están volviendo cada vez más difusas. La creciente importancia de cultivos como las patatas, las judías, los tomates y las bananas ha provocado una explosión de la producción global, que ha hecho que las dietas nacionales sean cada vez más similares. Más de dos terceras partes de los cultivos que forman la base de las dietas nacionales procedían originalmente de otro lugar, a menudo muy lejano. Y esta tendencia se ha acelerado durante los últimos 50 años.
A nivel global, los cultivos foráneos conforman el 69% de la oferta alimentaria y la producción agrícola de los países.

Cantidad (toneladas) de producción agrícola nacional derivada de cultivos cuyas regiones de diversidad primarias no coinciden con la misma región que el país (cultivos foráneos). Escala en grados de uso de cultivos foráneos (1 = 100% de uso de cultivos foráneos).
Los países y regiones aislados geográficamente son más propensos a usar cultivos foráneos en su oferta nacional, como Oceanía, el Caribe, el sur de Sudamérica, Norteamérica, África austral y el norte de Europa. En el otro extremo del espectro, las regiones cuyos productos básicos tradicionales siguen produciéndose y consumiéndose tienden a utilizar menos oferta foránea, incluidas muchas partes de Asia, el sur y el este del Mediterráneo y África occidental.
Fuente: Fresh Plaza