polimerosEstas sustancias prometen disminuir en alrededor de 60% el uso de agua y, con ello, reducir en casi 40% los costos operacionales de un huerto, dependiendo de la zona de cultivo y la especie. A continuación diversos expertos ahondan en la composición y el funcionamiento de estos productos en el suelo y analizan la posibilidad de utilizarlos a nivel masivo en el país, especialmente en aquellas zonas donde existe escasez hídrica.

Los polímeros sintéticos son sustancias que se encuentran presenten en diversos artículos que usamos a diario, como el nylon, los pañales y los geles cosméticos. Sin embargo, también son utilizados para otros fines industriales como el tratamiento de residuos mineros y aguas sanitarias, entre otros.

Entre ellos existe un subgrupo que se denomina polímeros súper absorbentes o SAP (Super Absorbent Polymers), usualmente conocidos como hidrogeles, los cuales son capaces de absorber y retener enormes cantidades de agua. Pese a que no son nuevos, hace poco que en el sector agrícola han comenzado a ser utilizados, con el fin de hacer más eficiente el uso del agua, especialmente hoy, cuando el cambio climático ha hecho que los episodios de sequía sean cada vez más comunes en el país.

La oferta disponible

Gran parte de los polímeros pensados para la agricultura están formados por poliacrilamida de potasio, por lo que —dependiendo de su composición química específica— pueden llegar a capturar entre 50 y 400 veces su peso al entrar en contacto con el agua.

La francesa SNF, por ejemplo, es la mayor fabricante de poliacrilamidas del mundo. Entre su oferta de productos para el rubro agrícola se encuentra Aquasorb (Aquaviva en Chile), que “aumenta la capacidad de retención de agua de los suelos por varios años y reduce el tiempo de riego, el consumo de líquido y las pérdidas de agua y nutrientes ligadas a la lixiviación”; y Flobond, “polímero de poliacrilamida soluble, que se usa para flocular el terreno irrigado y mejorar la penetración del agua, la aireación del suelo y, a la vez, disminuir la erosión”.

José Antonio Ramsey, gerente de Vélez Blanco, firma que comercializa Aquaviva y Flobond en Chile, comenta que estos productos, gracias a sus características, son capaces de ayudar a muchos agricultores nacionales que sufren con la sequía. El problema, reconoce, es que muchos de ellos son tremendamente desconfiados con lo nuevo.

“Incluso, una vez llegué a regalarles el producto a unos palteros que no se animaban a probarlo. En general, son muy pocos los que aceptan probar algo distinto”, dice.

Otro de los productos que por estos días se puede encontrar en el mercado es Lluvia Sólida, la cual es importada y distribuida por la empresa Silos de agua.

Cabe destacar que tanto Aquaviva como Lluvia Sólida, son acrilatos de potasio en formatos granulados, fabricados en Estados Unidos, que cuentan con certificaciones de la FDA, el Ministerio de Agricultura Francés y otras entidades internacionales.

Es importante tener en cuenta que ambos productos deben ser aplicados a nivel radicular, cuando se realizan nuevas plantaciones o se reemplaza algunas de las plantas del predio.

Si esta acción se realiza en seco, los gránulos deben mezclarse con la tierra, donde se posarán las raíces una vez hecho el trasplante. Pero eso no es todo: el producto además puede hidratarse en un contenedor, donde se sumergirá la raíz para luego ser plantada.

Si el huerto ya está establecido, se debe cavar una circunferencia del tamaño de la copa del árbol o de la extensión radicular, a unos 30 centímetros de profundidad. Es en ese espacio donde se debe poner el producto. El inconveniente de este proceso es su alto costo, el cual puede llegar a quintuplicarse respecto a una instalación desde cero, debido a la elevada demanda de mano de obra.

Respecto a las cantidades, cada producto posee tablas de referencia que varían según el fabricante, la especie y el tipo de suelo.

“Para un frutal, en promedio, se requieren 100 gr de Aquaviva, lo que equivale a almacenar 10 litros de agua, los cuales quedan encapsulados de forma permanente a disposición del árbol”, comenta José Antonio Ramsey.

Además este producto presenta tres tamaños de gránulos, los cuales tienen la misma capacidad de retención, pero cubren superficies distintas. La versión más gruesa absorbe X cantidad de agua en 30 centímetros, mientras que la más fina trabaja con la misma X cantidad, aunque en 60 centímetros. Por lo mismo, se debe tomar en cuenta la forma y extensión de las raíces de las plantas.

José Luis Valenzuela, gerente de Silos de agua, añade que la pureza del agua también afectará la dosificación, ya que si el agua tiene muchos minerales se necesitará mayor cantidad de producto.
Respecto a la vida útil de estos productos, existe una leve diferencia entre ambos. “Aquaviva tiene una duración de entre 5 y 7 años, y es biodegradable”, comenta el gerente de Vélez Blanco.

José Luis Valenzuela, por su parte, indica que “Lluvia Sólida es inocua y tiene una duración de 7 a 8 años, dependiendo de las distintas calidades de agua”.

Pero eso no es todo: ambos productos prometen generar ahorros en diversos ítems. Lluvia sólida, por ejemplo, busca reducir el 85% del consumo de agua y evitar la pérdida del recurso hídrico y de fertilizante.

Aquaviva, en tanto, busca optimizar los tiempos de riego, generando ahorros de agua, fertilizante y energía. Además, pretende evitar la erosión, ya que afirma el suelo atrapando el agua que escurre.
“Tenemos experiencias de un ahorro de 35%-40% en todo el ciclo (de riego) y de 60% a 90% en ahorro de agua”, agrega José Antonio Ramsey.

Los expertos destacan también que tanto Aquavita como Lluvia Sólida no son caros. Mientras el primero tiene un valor en el mercado que llega a $8.000 + IVA/kg, el segundo se empina apenas por sobre los $5.500 + IVA/kg.

Flobond, polímero retardador de riego

Flobond es un acondicionador de suelo, que llegó a Chile hace dos años. Está hecho en base a poliacrilamidas, que retardan la percolación y clarifica el agua. Además, cohesionan el suelo al aglomerar las partículas más finas de este, creando una especie de película protectora pero que a la vez es permeable.

El producto se comercializa en formato de pastillas efervescentes de 50 gr, que se echan al estanque de riego o tranque. Su costo aproximado es de $20.000/kg.

Las dosis de aplicación dependerán de los metros cúbicos de agua con los que se riega una hectárea.

Puede utilizarse conjuntamente o de forma separada con los polímeros granulados retenedores de agua.

¿Son realmente una alternativa?

Con el fin de desarrollar un trabajo de tesis en la U. de Chile, un equipo de investigación, hace 25 años, probó polímeros hidrofílicos en el cultivo de frambuesas. Pese al entusiasmo de los investigadores, en la experiencia no se registraron resultados concluyentes. Lo único que se pudo sacar en limpio es que si se aplica una sobredosis de producto a las plantas, estas serán más proclives a ser atacadas por hongos.

De hecho, el asunto de las dosis se ha transformado en la gran piedra de tope para las empresas fabricantes, las cuales cuentan con ensayos validados por instituciones extranjeras, no así por instituciones nacionales.

“Al igual que para diseñar un programa de fertilización, para aplicar polímeros hay que hacer un diagnóstico acabado del campo y del cultivo y sus necesidades. También hay que conocer el sistema radical de lo que se está plantado, la capacidad de retención de agua del suelo y recién ahí establecer una dosis. El problema es que esto como información no está disponible para los asesores técnicos”, explica Alexis Vega, doctor en Ecofisiología Vegetal y profesor de la U. Mayor.

El doctor Hamil Uribe, investigador de INIA Quilamapu y especialista en recursos hídricos, por su parte, concuerda con que en el país falta conocimiento sobre los diversos tipos de polímeros sintéticos que puedan aplicarse en la agricultura. Por lo mismo, él y su equipo llevan años probando polímeros con el fin de evitar las filtraciones en canales de regadío. Y a la fecha, han obtenido buenos resultados.

A lo largo de su experiencia, pudieron determinar que si bien todo depende del tipo de suelo y de las filtraciones presentes en cada canal, las pérdidas de agua se pueden reducir en un promedio de 6%.

En el caso específico del Canal Maule Norte, que trae unos 20 m3/seg, la experiencia indica que las pérdidas se pueden reducir en 1 m3/seg., lo que alcanza para regar 600 hectáreas.

El problema, de acuerdo al investigador del INIA, es que en Chile el mercado está poco desarrollado, por lo que a menudo los vendedores desconocen las características químicas de los productos. Así, si no se toman los resguardos del caso, algunos polímeros podrían llegar a generar, con el tiempo, toxicidad en los suelos.

“Faltan fundamentos científicos, por lo que hay que evaluar con cuidado si producen algún daño. Sin embargo, representan una buena opción y una herramienta viable para combatir la escasez hídrica”, argumenta Hamil Uribe.

Recientemente, la U. de Chile, con el apoyo de FIA, llevó a cabo una investigación que tenía por objeto evaluar la eficacia de los polímeros en varios cultivos. Según mencionan desde la casa de estudios, los resultados preliminares de esta experiencia habrían sido positivos. De hecho, se espera que el informe final sea publicado en las próximas semanas.

Más allá de esta situación, para el doctor Alexis Vega aún queda mucho camino por recorrer, no sólo en lo que se refiere al establecimiento de dosis adecuadas y fundamentadas, sino también en lo que se relaciona con el estudio de la degradación y generación de residuos de estos productos.

“Mientras no esté claro, hay que tomar precauciones. De todas maneras es importante decir que sí son efectivos en todos los suelos, incluso en los arcillosos que de por sí retienen más agua, aunque en este caso ayudan en época de sequía”, indica el especialista.

Otro de los beneficios que los especialistas destacan de estos productos, además de mejorar la eficiencia hídrica, es la capacidad que tienen de reducir o evitar la erosión y facilitar la reforestación.

Las pruebas en terreno

Guillermo Araya, productor de uva pisquera y de mesa en Sotaquí, en la Región de Coquimbo, ha sufrido de cerca los efectos de la sequía que en los últimos años se ha hecho presente en esa zona del país. En todo este periodo ha hecho lo imposible por salvar su plantación. Incluso, hace unos años se arriesgó a probar los polímeros en 5,5 hectáreas, las cuales luego de la aplicación no variaron sus rendimientos.

Paralelo a ello, plantó dos hectáreas más desde cero, a las cuales también les aplicó Aquaviva. Estas, a diferencia de las primeras, sí evidenciaron resultados positivos, al alcanzar un mayor vigor.

“El crecimiento vegetativo de 2 años se veía como si tuviera 3 o 4 y cubrió toda la parrilla del parrón. También hay brotes de 3,5 o 4 metros, lo que no es común en esta variedad (Moscatel de Alejandría con portainjerto)”, cuenta Araya.

Pero quizás donde los resultados positivos alcanzaron mayor repercusión fue a la hora de sacar cuentas respecto a la eficiencia hídrica. Así, mientras sus vecinos tuvieron que construir pozos (35 a 40 millones según profundidad), Guillermo Araya sólo construyó un estanque para acumular el agua correspondiente a su turno, con el fin de distribuirla por el predio con más facilidad.

“Está claro que hay eficiencia de agua y ahorro en energía eléctrica. Antes regaba 24 horas y mi bulbo no llegaba a más de 15 cm. Hoy riego 16 horas y el bulbo es de 70 – 80 cm”, indica el productor.

Además, con sondas telemétricas ha podido determinar que en periodos secos (enero) la humedad se encuentra disponible a mayor profundidad. Así, a 10-20 cm de profundidad existe 32% de humedad, mientras que a 30-60 cm esta llega a 38%-39%.

Pero Guillermo Araya no se quedó sólo ahí. Decidió realizar pruebas, esta vez utilizando Flobond (ver recuadro) con el cual pasó de tener uva de mesa de calibre 16 como máximo a fruta cuyo calibre mínimo era 17.

“Se trabajó sólo con Flobond una vez a la semana, aplicando 4 pastillas, y el costo total fue de $39.600 por aplicación/ha”, declara.

Praderas

Los efectos de la dura sequía también se han hecho presentes en la principal zona ganadera del país. De hecho, fue esta situación la que llevó en 2015 a Eduardo Lelanne, a aplicar Aquaviva en 2,5 hectáreas de praderas de su lechería ubicada en las cercanías de Osorno, en la Región de Los Lagos.

“Hoy el área en donde se aplicó el producto se riega con mucho menos agua. De hecho, nos saltamos un riego. Antes regábamos cada semana, mientras que hoy lo hacemos cada 12 días, más o menos.”, indica.

Esta prueba en las 2,5 hectáreas le costó a Eduardo $250.000 y reconoce que la experiencia ha sido buena.

“Usamos Flobond en otro campo, donde también logramos distanciar los riegos de la misma forma, saltándonos uno y pasando de regar cada 6 días a cada 14 días. El costo de este producto es menor y llega a unos $56.000 por ha. Además, es más fácil de aplicar, ya que se hace junto al agua de riego y según necesidad”, concluye Lelanne.

Una vez que el polímero se encuentra en el suelo, ayudará a retener toda el agua que drene desde la superficie, manteniéndola en el sistema radicular para que la planta, vía osmosis, tome lo que necesite. Este mecanismo es unidireccional, es decir, si el polímero no recibe agua y se deshidrata, no absorberá la savia de la planta. Otra de sus particularidades es que sólo las raíces pueden extraer el agua contenida en el polímero. De hecho, no podrá hacerlo ni siquiera la tierra en la que se encuentra depositado.

Fuente: FruticulturaSustentable/MercurioCampo