semillasEl almacenamiento de estas semillas tiene que ver con una proyección a futuro en cuanto a la seguridad alimentaria, que le servirá a la humanidad frente al inminente cambio climático.

A 120 metros de profundidad en una montaña del archipiélago noruego de Svalbard, se encuentra oculta la popular “Bóveda del Fin del Mundo”, la cual alberga alrededor de 800 mil muestras de más de cuatro mil especies de semillas de todo el mundo, con el fin de ser un respaldo ante cualquier eventualidad que afecte la agricultura.

En conversación con El Día, el científico sueco Roland von Bothmer, representante oficial de la cámara Global de Semillas de Svalbard explica que “los recursos genéticos que están en el banco son muy importantes especialmente considerando el cambio climático, porque éstos van a requerir de mayor presión bajo la sequía y el estrés hídrico, entonces esta conservación es vital para el futuro”.

¿Qué resuelve? “Al ser un banco de semillas internacional, en caso de una catástrofe mundial, se le puede devolver a los agricultores y proveedores una copia de éstas, para que ellos se puedan adaptar a las nuevas condiciones. En el fondo, se da la materia prima de las distintas producciones que estén almacenando”.

El experto, que fue invitado ayer a dar una charla en el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), comenta que su visita a la región de Coquimbo es con la intención de invitar a Chile a ser parte de la iniciativa y que así puedan dejar sus semillas en el banco base ubicado en Noruega.

A nivel local

En la región, específicamente en la comuna de Vicuña, tenemos un banco que alberga casi el 25 por ciento de la flora nativa chilena, lo que equivale a un total de 1.190 especies. Al respecto, Pedro León Lobos, encargado de la bodega, cuenta que “se conservan en una cámara frigorífica de cerca de 300 metros cúbicos, que se encuentran a -20ºC  y con cinco por ciento de contenido de humedad”.

Según detalla, “gracias a la condición de estar en un ambiente muy frío y una atmosfera bastante seca, se puede extender la vida de las semillas por siglos”, agregando que “nosotros esperamos que para el 2020 la mitad de la flora nacional esté protegida.

En relación a la visita del científico sueco, Pedro León considera que “es muy relevante tener en la zona a un investigador con tanta experiencia en la materia, además tenemos que considerar que fue uno de los fundadores e impulsores de la Bóveda del Fin del Mundo, que va en beneficio de toda la humanidad”.

“Su presencia en la región es vital porque releva la importancia que tienen los recursos genéticos para la alimentación y la agricultura mundial. Estamos hablando de aquellas variedades antiguas locales, como porotos, maíz y trigo, que son la base para el desarrollo de distintas diversidades de cultivo”, agrega.

Destaca que la importancia de la diversidad, que tiene que ver con los distintos colores, tamaños y formas de productos, está dada porque “ahí se encuentra la información genética, que le da la característica a un cultivo de ser más resistente a una plaga y ser más sabroso. Es toda una base donde los científicos pueden escoger genes que sean más fuertes en cuanto a la producción”.

Fuente: El Día