El cierre de la segunda jornada del Festival de Viña del Mar 2026 quedó en manos de Bomba Estéreo, que transformó la Quinta Vergara en una mezcla de ritual, baile y explosión sonora. La banda colombiana no solo armó una fiesta, sino que construyó un relato sobre el escenario: comenzó con una invitación espiritual y terminó con un anfiteatro completamente entregado.
El inicio fue inesperado. Con las luces bajas y un ambiente contenido, la vocalista Li Saumet apareció encendiendo un palo santo, recorriendo el escenario en silencio y marcando un tono introspectivo.
Entonces llegó la invitación directa al público: “Yo quiero invitarlos a un ritual, donde nos olvidamos de todo, entramos al baile, nos conectamos con la música, con nuestra raíz, con nuestra alma. Vamos a olvidarnos de todo y vamos a conectarnos con nuestro ser”, expresó la cantante.
De la ceremonia a la explosión musical
Tras ese momento de recogimiento, la energía cambió por completo. La banda abrió con “Fuego”, uno de sus temas más emblemáticos, lanzado en 2008 y convertido en un himno latinoamericano por su mezcla de electrónica, raíces caribeñas y fuerza escénica.
El impacto fue inmediato: la Quinta pasó del silencio expectante al baile masivo, acompañando cada beat desde los primeros acordes. La escenografía colorida y vibrante reforzó la propuesta estética del grupo, que convirtió su show en una experiencia sensorial completa.
Uno de los puntos más altos de la noche llegó con “Ojitos Lindos”, su colaboración con Bad Bunny. El público coreó el tema con fuerza, generando uno de los momentos más potentes de la presentación y confirmando la conexión transversal que la banda logró establecer con el “Monstruo”.
Al finalizar su presentación, Bomba Estéreo fue premiada con la Gaviota de Plata y la Gaviota de Oro, en reconocimiento a su impacto musical, la energía de su show y la conexión lograda con el público.