Remigio Remedy, una de las figuras más recordadas de las teleseries chilenas en las décadas de los 90 y 2000, abrió su corazón en una entrevista para Todo va a estar bien (TV+). Presentado por Eduardo de la Iglesia como “el primer zorrón de la televisión”, el actor reflexionó sobre el impacto de la fama en su vida y cómo enfrentó ese “lado gris” que llegó con su popularidad.
El precio de la fama
Con 59 años y una trayectoria que dejó huella, Remedy recordó con humor los días en que su éxito era tal que debía salir de los canales escondido. Sin embargo, admitió que no supo manejar la atención que recibía del público.
“Lo latero de la fama es cómo te la tomas. Yo, por ejemplo, me la tomé muy mal”, confesó entre risas.
El actor explicó que, en su afán por mostrarse como una persona “normal”, llegó a rechazar autógrafos y desató incomprensión en algunos fanáticos. “Me decían ‘un autógrafo’, y yo (respondía) ‘¡pero para qué, si yo solo hago mi trabajo!’”, recordó.
Esta actitud, según Remedy, lo llevó a resistirse al reconocimiento y complicó su relación con el público. “La gente pensaba que tú eras pesado”, comentó Eduardo de la Iglesia, a lo que el actor respondió: “No alcanzaba a pasar a pesado, pero daba muchas explicaciones”.
La fama como un cambio en los demás
Para Remedy, uno de los mayores desafíos fue el cambio en la percepción que las personas tenían de él. “No es que uno cambie, es que los demás cambian contigo. La gente ya no te ve igual, ese es el problema”, reflexionó, citando a Pedro Almodóvar como una influencia en su análisis.
El exgalán de teleseries también destacó que la fama trae consigo una carga de energía que no siempre es positiva. “Recibes muchas energías de la gente, a veces positivas y a veces negativas”, comentó.
Una vida lejos de los reflectores
Hoy, lejos del bullicio de la televisión, Remigio Remedy se dedica al entrenamiento físico y las artes marciales, una pasión que ha encontrado después de su paso por la pantalla chica. Aunque el “lado gris” de la fama marcó su experiencia, el actor aseguró haber aprendido valiosas lecciones sobre cómo manejar la exposición pública y la relación con sus seguidores.
Con su estilo directo y reflexivo, Remedy sigue demostrando que, aunque la fama tiene sus altibajos, siempre es posible encontrar el equilibrio y la paz fuera del mundo del espectáculo.