Los cambios bruscos de temperatura se han convertido en el sello de esta primavera: un día hace frío y llueve, y al siguiente hay sol con 30 grados. Este vaivén climático hace que muchos papás se pregunten: ¿cómo se puede evitar que se enfermen los niños?
El Dr. Pedro Astudillo, broncopulmonar de Clínica INDISA, explica que si bien el frío por sí solo no causa resfriados, la exposición a bajas temperaturas puede favorecer la transmisión de virus y afectar la eficacia de los mecanismos locales de defensa en las vías respiratorias.
El método de las capas: la estrategia más efectiva
Los niños son más sensibles al frío que los adultos, por lo tanto se deben abrigar más. “Las guaguas de hasta tres meses se deben abrigar con una capa más de la que tienen los padres. Mientras que a los niños mayores es recomendable abrigarlos en capas, siempre prestando atención a que no transpiren demasiado”, indica el Dr. Astudillo.
Una de las claves para protegerse bien es mantener el calor en zonas específicas. “Hay zonas del cuerpo en las que pasa mayor circulación, por lo que se puede intercambiar más fácil la temperatura”, detalla el profesional de INDISA. Algunas de estas áreas son la palma de las manos, la planta de los pies, las orejas, el cuello y la cabeza (especialmente en niños). Por esto, se aconseja andar siempre con guantes y gorros para enfrentar el frío.
Para los niños más grandes, la recomendación es otra. “La clave está en usar un sistema que te permite ajustar la vestimenta según la actividad y la temperatura, evitando tanto el frío como el exceso de abrigo que puede causar sudoración y posterior enfriamiento”, enfatiza el profesional.
Para abrigar correctamente a los niños está en el sistema de capas, que consiste en:
- Primera capa (contacto con la piel). Debe ser de materiales que absorban la humedad y se sequen rápidamente, como fibras sintéticas o lana merino. El algodón no es ideal para actividades al aire libre porque retiene la humedad.
- Segunda capa (aislante). Se trata de polerones o chalecos que retengan el calor sin provocar sobrecalentamiento.
- Capa exterior (protección). Pueden ser parkas o chaquetas impermeables que protegen contra el viento, la lluvia o la nieve.
5 consejos prácticos para abrigar a los niños ante cambios de temperaturas
- No sobreabrigar y tener cuidado con los cambios bruscos de temperatura: contrario a lo que muchos creen, abrigar excesivamente al niño puede ser contraproducente, ya que la sudoración excesiva, seguida de exposición al frío, aumenta el riesgo de enfermarse.
- Adaptar el abrigo según la actividad: si el niño va a estar en movimiento necesitará menos capas. Además hay que preferir materiales que no irriten la piel sensible del menor y, al mismo tiempo, deben ser prendas versátiles, que puedan adaptarse a diferentes condiciones climáticas.
- Atención a las señales: observa si el niño se queja de frío o calor para ajustar su abrigo. Manos y pies fríos pueden indicar que necesita una capa adicional.
- Hidratación: el aire seco puede resecar las vías respiratorias. Mantén al niño bien hidratado.
- Buscar cierres y broches de fácil manipulación para fomentar su autonomía, además de prendas que permitan movilidad.
Por último, el Dr. Pedro Astudillo explica que se debe tener especial cuidado con los calcetines mojados cuando llueve, ya que pueden ser una fuente de riesgo para los niños. “Los calcetines de algodón retienen la humedad, lo que no solo pueden enfermarlos por la pérdida final de calor, sino que también favorecen infecciones bacterianas en la piel. Por esto, se debe estar constantemente chequeando la humedad en los pies y cambiar de calcetines cuando sea necesario”, advierte.
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