Preguntar “¿cómo te fue?” al terminar la jornada escolar puede recibir como única respuesta un simple “bien”. Sin embargo, niños y adolescentes viven experiencias que no siempre llegan espontáneamente hasta sus hogares.
Conversaciones con compañeros, juegos, memes, canciones o expresiones como “farmear aura” forman parte de códigos que construyen entre pares y que los adultos no necesariamente conocen.
La clave, según especialistas, no está en dominar cada tendencia, sino en mostrar interés por aquello que forma parte de su vida cotidiana y generar oportunidades para conversar.
Preguntas que pueden abrir la conversación
Jennifer Azú, psicóloga del Colegio The Greenland School, perteneciente a la red Cognita, explica que la confianza se construye mediante experiencias cotidianas de escucha, conexión y disponibilidad.
En lugar de preguntar únicamente “¿cómo te fue?”, recomienda probar con interrogantes más específicas: “¿qué hiciste en el recreo?”, “¿a qué jugaste?” o “¿hubo algo que te resultara difícil hoy?”.
También puede resultar útil preguntar por expresiones, memes o tendencias que los niños mencionan. El objetivo es acercarse a sus intereses sin convertir la conversación en un interrogatorio.
La especialista aconseja además escuchar antes de corregir o juzgar, permitiendo que niños y adolescentes expliquen primero aquello que quieren compartir.
Otro punto importante es respetar sus tiempos. No todos quieren conversar inmediatamente después del colegio, por lo que entregar espacio también puede contribuir a construir confianza.
El objetivo no es conseguir que los hijos cuenten absolutamente todo, sino crear un entorno donde sepan que pueden recurrir a los adultos cuando quieran compartir una experiencia o necesiten apoyo.