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¿Cuánto debe crecer un niño cada año? Experta explica las señales que deben observar los padres

¿Cuánto debe crecer un niño cada año? Experta explica las señales que deben observar los padres
Niños – Agencia Uno

La estatura suele llamar la atención cuando un niño es considerablemente más bajo o más alto que sus pares. Sin embargo, los especialistas destacan la importancia de observar su evolución.

Mantener controles pediátricos periódicos y registrar peso y talla en las curvas de crecimiento permite identificar cambios en la velocidad de crecimiento y evaluar sus posibles causas.

“Más que mirar una estatura de manera aislada, necesitamos observar la trayectoria del niño en su curva de crecimiento”, explica la Dra. Verónica Mericq, endocrinóloga infantil.

La especialista señala que un cambio en esa trayectoria puede ser una señal para estudiar qué está ocurriendo y determinar si existe alguna condición que esté afectando el desarrollo.

¿Cómo cambia el crecimiento durante la infancia?

El ritmo de crecimiento varía a lo largo de las distintas etapas de la infancia. Durante los primeros años suele ser más acelerado y luego disminuye progresivamente.

Durante la etapa escolar, el crecimiento tiende a mantenerse relativamente estable. Con la llegada de la pubertad, vuelve a producirse una aceleración asociada al denominado “estirón puberal”.

Por esta razón, más que observar una medición aislada, resulta importante evaluar cómo evoluciona el crecimiento de cada niño a través del tiempo.

La Organización Mundial de la Salud dispone de patrones internacionales para monitorear el crecimiento desde el nacimiento, considerando indicadores como talla para la edad, peso para la edad y peso para la talla.

A partir de los cinco y hasta los 19 años, la OMS cuenta además con referencias específicas para evaluar el crecimiento de niños y adolescentes.

Las señales que pueden observar los padres

Los controles permiten comparar las mediciones actuales con registros anteriores y determinar si el niño mantiene una evolución adecuada.

Sin embargo, también existen situaciones cotidianas que pueden llamar la atención de madres, padres y cuidadores.

Por ejemplo, no necesitar una nueva talla de ropa o calzado durante un período prolongado, comenzar a quedar progresivamente más bajo que sus compañeros o prácticamente no cambiar de estatura durante un año.

“Lo importante es no perder la vigilancia del crecimiento”, sostiene Mericq, quien destaca que los controles periódicos permiten detectar cambios que podrían pasar inadvertidos.

Una alteración en la curva de crecimiento no significa necesariamente que exista un problema hormonal. El primer paso consiste en determinar si existen otras condiciones que puedan estar interfiriendo en el desarrollo.

Problemas nutricionales o de absorción, enfermedades respiratorias crónicas, patologías gastrointestinales, cardíacas o hepáticas pueden repercutir en el crecimiento infantil.

También pueden influir factores relacionados con la salud mental. Una vez descartadas estas causas, el estudio puede avanzar hacia alteraciones endocrinas, entre ellas el hipotiroidismo o una deficiencia de hormona de crecimiento.

¿Cuándo se utiliza la hormona de crecimiento?

Una de las principales confusiones relacionadas con la talla infantil es asumir que cualquier niño más bajo que sus pares podría necesitar un tratamiento hormonal.

Sin embargo, la indicación depende del diagnóstico y debe responder a una evaluación médica individual.

Si el problema se relaciona con condiciones como enfermedad celíaca o hipotiroidismo, el tratamiento debe dirigirse a esa enfermedad.

La hormona de crecimiento está indicada en diagnósticos específicos, como su déficit y determinadas condiciones genéticas, entre ellas los síndromes de Turner, Noonan y Prader-Willi.

También puede utilizarse ante alteraciones del gen SHOX, además de otras indicaciones que deben ser evaluadas individualmente por un especialista.

“La hormona de crecimiento no es un tratamiento para alcanzar una estatura deseada ni debe utilizarse únicamente por razones sociales o estéticas”, enfatiza la endocrinóloga.

La especialista sostiene que las expectativas sociales sobre la estatura pueden llevar a algunas familias a buscar intervenciones aunque el desarrollo se encuentre dentro de parámetros normales.

Dormir y hacer ejercicio también importan

La hormona de crecimiento no se libera de manera constante durante el día, sino mediante distintos pulsos. Una parte importante de esta secreción ocurre durante las primeras fases del sueño profundo.

Su liberación también está relacionada con la actividad física. Por ello, mantener horarios adecuados de descanso y favorecer la actividad física forman parte de los hábitos que acompañan un desarrollo saludable.

Sin embargo, ningún hábito por sí solo reemplaza la evaluación médica cuando existe una alteración objetiva en la curva de crecimiento.

Más que comparar a un niño con sus compañeros o perseguir una talla determinada, la recomendación es conocer y acompañar su propia trayectoria de crecimiento.

“Cada niño tiene su propio potencial de crecimiento. Nuestro objetivo no es que todos alcancen una determinada estatura, sino asegurarnos de que estén creciendo de acuerdo con su potencial”, concluye la Dra. Mericq.

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