Este 25 de octubre se conmemora una nueva edición del Día Mundial de la Pasta, fecha instaurada en 1995 tras el primer Congreso Mundial de este alimento, realizado en Roma. Desde entonces, la efeméride busca reconocer la importancia cultural y gastronómica de estas populares preparaciones elaboradas principalmente con harina de trigo.
Su presencia es parte habitual de los hogares chilenos, además de estar en la carta de miles de restaurantes especializados en todo el mundo. Sin embargo, pese a su popularidad, las pastas suelen asociarse al aumento de peso y colesterol, una percepción que no siempre es correcta.
La nutricionista y académica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago, Daniela González, aclaró que las pastas también entregan importantes aportes nutricionales. “La pasta es un alimento que aporta, principalmente, carbohidratos complejos, por lo que son una fuente importante de energía. Además, contienen proteínas vegetales, algo de fibra y minerales como hierro, zinc y magnesio”, explicó.
La pasta en dietas de control de peso
En esta época del año, cuando muchas personas buscan bajar de peso, González aseguró que no es necesario eliminar las pastas de la dieta. “La evidencia nos muestra que este alimento puede formar parte de un plan para la pérdida de peso, siempre que se respete el control de las proporciones y se combine con productos saludables como verduras, proteínas magras y grasas saludables”, señaló.
La académica destacó que el secreto está en el equilibrio general de la dieta. Recordó que el régimen mediterráneo, por ejemplo, incluye pastas y se asocia con un mejor índice glicémico y mayor sensación de saciedad.
Recomendaciones y precauciones
Aun así, la especialista advirtió sobre los riesgos del consumo excesivo. Mencionó tres principales: las porciones demasiado grandes, el consumo de pastas ultraprocesadas o instantáneas —que suelen contener altos niveles de sodio y grasas saturadas— y las dietas poco equilibradas, con escasa presencia de frutas, verduras o fibra.
Asimismo, señaló que las personas con diabetes tipo 2 pueden comer pastas “siempre que respeten la cantidad de carbohidratos y opten por versiones al dente o integrales”.
Finalmente, González entregó una recomendación práctica: “Luego de cocinar la pasta, se puede dejar enfriar y guardar en el refrigerador. Parte de sus carbohidratos se harán resistentes, lo que reduce su absorción y su aporte calórico, incluso si se recalientan”.