Ante molestias persistentes en la espalda, las rodillas, el cuello o los hombros, una reacción habitual es dejar de moverse y optar por el reposo.
Sin embargo, permanecer inactivos durante largos períodos puede generar el efecto contrario al esperado y dificultar la recuperación de la capacidad para realizar actividades cotidianas.
Daniela Arias, académica de Kinesiología de la Universidad Andrés Bello, sede Concepción, explica que el ejercicio físico se ha consolidado como una herramienta terapéutica para enfrentar el dolor musculoesquelético.
“Sus beneficios van mucho más allá de mantener los músculos fuertes o mejorar nuestra condición física. La actividad física regular contribuye al bienestar cardiovascular, metabólico y emocional, favorece nuestra autonomía y puede ayudar a prevenir y manejar distintas enfermedades”, señala la kinesióloga.
Además, la especialista destaca que el movimiento también puede influir en la manera en que el sistema nervioso interpreta el dolor.
“Hoy contamos con evidencia que demuestra que el ejercicio terapéutico puede contribuir a disminuir el dolor y mejorar la capacidad funcional, especialmente en personas con dolor musculoesquelético persistente”, afirma.
El temor al movimiento puede convertirse en una barrera
Según explica Arias, una de las razones por las que el ejercicio puede ayudar es que la actividad física puede reducir temporalmente la sensibilidad al dolor y favorecer mecanismos naturales que contribuyen a regularlo.
A pesar de ello, el temor sigue siendo una de las principales barreras para mantenerse activo. Tradicionalmente, el dolor se ha asociado con la presencia de una lesión o daño en el cuerpo.
“Por eso, es comprensible pensar que dejar de movernos es la mejor manera de protegernos”, comenta la académica.
No obstante, advierte que esta conducta puede volverse perjudicial cuando se prolonga en el tiempo, debido a que la reducción de actividad física puede disminuir la fuerza, la resistencia y la capacidad para realizar actividades cotidianas.
Al mismo tiempo, la persona puede perder confianza en su cuerpo y comenzar a percibir ciertos movimientos como peligrosos.
¿Qué ejercicios pueden ayudar?
La académica UNAB recomienda actividades como caminar, andar en bicicleta, realizar ejercicios de fortalecimiento o ejercicios acuáticos, siempre adaptados a las características de cada persona.
“El mejor ejercicio es el que se hace”, sostiene Arias, destacando la importancia de considerar las preferencias, intereses y gustos individuales.
La especialista enfatiza que no existe un único ejercicio que sea el mejor para todos, ya que la elección debe considerar la condición de salud y las capacidades físicas.
“El acompañamiento de un kinesiólogo puede ayudar a identificar un punto de partida adecuado, ajustar las cargas y recuperar gradualmente la confianza en el movimiento”, sostiene.
Finalmente, Arias entrega un mensaje para quienes conviven con dolor persistente y sienten temor de retomar la actividad física.
“Es comprensible sentir temor cuando hemos experimentado dolor, especialmente si llevamos mucho tiempo conviviendo con él. Sin embargo, nuestro cuerpo está diseñado para moverse y, en muchas condiciones musculoesqueléticas, recuperar gradualmente la actividad es parte importante del proceso de rehabilitación”, concluye.