El uso de pantallas en niños durante las vacaciones de verano aumentó en muchos hogares. Aunque este cambio resulta habitual en el periodo estival, especialistas advierten que un uso excesivo puede afectar el desarrollo infantil. También puede dificultar la adaptación al regreso a clases.
Camila Navarrete, académica de Psicología de la Universidad UNIACC, explicó que “el aumento del uso de pantallas durante las vacaciones no es en sí mismo negativo, especialmente cuando es acotado y supervisado. Sin embargo, una exposición excesiva y poco regulada puede impactar en distintas áreas del desarrollo infantil”.
Dificultades en el desarrollo social
En el plano cognitivo, la especialista indicó que “el exceso de pantallas puede afectar la atención, la autorregulación y la tolerancia a la frustración. Además, suele interferir en el sueño y en los hábitos de alimentación, especialmente cuando se utilizan dispositivos antes de dormir o durante las comidas”.
Desde el punto de vista emocional, agregó que “se observa en algunos niños mayor irritabilidad, dificultad para manejar el aburrimiento y una menor capacidad para identificar y regular sus emociones sin apoyo externo”. También advirtió que el uso de pantallas en niños influye en su desarrollo social. “El uso excesivo de pantallas puede reducir las oportunidades de interacción cara a cara, juego compartido y desarrollo de habilidades sociales, que son fundamentales en la infancia”.
Mayores dificultades para retomar la rutina escolar.
Sobre el tiempo recomendado, la psicóloga afirmó que “no existe una cifra única que sea válida para todos los niños, pero sí orientaciones generales”. En menores de cinco años aconsejó un uso muy limitado y acompañado por un adulto. En niños en edad escolar, señaló que “el foco no está solo en el tiempo, sino en la calidad del contenido, el momento del día y el equilibrio con otras actividades como el juego libre, el movimiento y el descanso”.
Navarrete advirtió que la falta de rutinas durante el verano puede generar dificultades al volver al colegio. “Cuando durante las vacaciones no existen horarios ni límites claros, algunos niños pueden presentar mayores dificultades para retomar la rutina escolar. Esto puede expresarse en problemas para regular los tiempos de sueño, menor tolerancia a las exigencias académicas, dificultad para sostener la atención en clases o mayor resistencia a normas y estructuras”.
Señales de uso problemático
Entre las señales de alerta, mencionó “irritabilidad intensa cuando se limita su utilización, dificultad para detener la actividad digital, aislamiento social, cambios importantes en el estado de ánimo, alteraciones del sueño o desinterés por actividades que antes resultaban motivantes”. Estas señales pueden indicar un uso de pantallas en niños problemático.
Para facilitar la transición, recomendó anticiparse. “Se recomienda iniciar el proceso de ajuste al menos una o dos semanas antes del regreso a clases. Esto implica recuperar progresivamente los horarios de sueño que cumplen un rol clave en el bienestar infantil, reducir de forma gradual el tiempo de pantallas, reinstalar rutinas diarias y anticipar el retorno al colegio mediante conversaciones claras y acordes a la edad del niño”.
Pantallas y niños neurodivergentes
En el caso de niños con neurodivergencias, la académica destacó la necesidad de adaptar las estrategias. “En niños con espectro autista o con TDAH, las pantallas pueden cumplir funciones específicas, como apoyo en la regulación emocional, sensorial o en la predictibilidad del entorno”. Por ello, explicó que “más que prohibir, es importante comprender para qué está siendo utilizada la tecnología”.
Finalmente, señaló que “Se recomienda mantener rutinas claras, anticipar los cambios mediante apoyos visuales o verbales, establecer límites consistentes y complementar el uso de pantallas con otras estrategias de regulación emocional. La transición al regreso a clases debe ser especialmente gradual y personalizada, considerando las necesidades particulares de cada niño”.