Despertar en la noche con sensaciones intensas de miedo, sudoración o escalofríos es una experiencia más común de lo que parece. Las pesadillas pueden resultar tan reales y perturbadoras que muchas veces cuesta volver a dormir después de sufrir una. Según la American Academy of Sleep Medicine, entre un 50% y un 85% de las personas ha tenido alguna vez un episodio de este tipo.
El médico cirujano y neurólogo Pedro Chaná, académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago, explicó a Diario Usach que “para interpretar las pesadillas, tenemos que entender que son parte del proceso fisiológico de dormir, normalmente durante la etapa conocida como sueño R.E.M., en que hay mayor actividad del cerebro y hay movimientos oculares”.
El especialista añadió que “se asocia a la presentación de sueños vívidos y pesadillas, estos fenómenos se explican desde el punto de vista fisiológico, pero también tienen una representación psicológica para estar relacionados con mecanismos de adaptación emocional”. En este sentido, las pesadillas activan una respuesta emocional y corporal que puede incluir taquicardia o sudoración, dependiendo del momento del sueño en que la persona despierte.
Alimentación y descanso nocturno
Comer liviano antes de dormir es una recomendación general para mejorar la calidad del descanso. Sin embargo, algunos estudios sugieren que ciertos alimentos podrían favorecer la aparición de pesadillas.
Una investigación publicada en Frontiers in Psychology por expertos canadienses de la Universidad MacEwan examinó los hábitos de más de mil estudiantes y su relación con las pesadillas. Cerca del 40% de los encuestados señaló que su dieta influía en su sueño, y un 5,5% consideró que afectaba directamente sus sueños. Los dulces, postres y productos lácteos fueron mencionados como los que más alteraban el descanso, mientras que las frutas, verduras e infusiones se asociaron con un sueño más reparador.
El investigador Tore Nielsen, especialista en neurofisiología y neurocognición de sueños en la Universidad de Montreal, explicó a AFP que “sabemos que las emociones negativas experimentadas en estado de vigilia pueden prolongarse en los sueños. Probablemente ocurre lo mismo con aquellas que emergen a causa de trastornos digestivos ocurridos durante el sueño”.
Consultado sobre este punto, Pedro Chaná indicó que “aunque no hay mucha evidencia científica, la cultura popular plantea la posibilidad de que algunos alimentos induzcan pesadillas, especialmente aquellos que contienen más contenidos grasos y retardan el vaciamiento gástrico o también el comer en forma excesiva”. Añadió que “todo esto podría aumentar las pesadillas, también se debe evitar los fármacos o alimentos estimulantes que pueden exacerbar su aparición”.
Mantener una buena higiene del sueño
Chaná advirtió que “no podemos definir que sea bueno o malo tener pesadillas, es parte de nuestros procesos adaptativos”. Lo preocupante, explicó, es cuando los episodios son tan recurrentes que afectan el descanso o generan miedo a dormir.
Finalmente, el académico sostuvo que, si bien no se pueden evitar por completo, mantener una buena higiene del sueño y atender los problemas emocionales pueden disminuir su frecuencia.