El creciente consumo de alimentos ultraprocesados —como snacks, bebidas azucaradas, productos listos para consumir y comida rápida— vuelve a encender las alertas en el ámbito de la salud. Esta vez, no solo por su impacto en la obesidad o las enfermedades crónicas, sino por una consecuencia menos visible pero igualmente preocupante: el deterioro de la salud ósea.
Un estudio reciente publicado en The British Journal of Nutrition reveló que una alta ingesta de alimentos ultraprocesados se asocia a una menor densidad mineral ósea y a un mayor riesgo de fracturas, especialmente de cadera, incluso en personas menores de 65 años. Los hallazgos refuerzan la importancia de la calidad de la alimentación en la prevención de la fragilidad ósea a lo largo de la vida.
Según explica Perla Valenzuela Moreno, académica de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, el problema no radica solo en lo que estos productos contienen, sino también en lo que desplazan. “Los alimentos ultraprocesados suelen ser altos en sodio, azúcares añadidos y grasas poco saludables, pero con un aporte muy bajo o nulo de nutrientes esenciales para los huesos”, señala.
La nutricionista advierte que su consumo habitual termina reemplazando alimentos clave para la salud ósea. “Cuando la dieta se basa en ultraprocesados, se dejan de consumir fuentes naturales de calcio, vitamina D, proteínas de buena calidad, magnesio y fósforo, todos fundamentales para la formación y mantención del tejido óseo”, enfatiza Valenzuela.
A esto se suma otro factor de riesgo poco conocido: el exceso de sodio. “Una ingesta elevada de sal puede aumentar la eliminación de calcio a través de la orina, lo que contribuye a una pérdida progresiva de masa ósea”, agrega la académica UNAB.
Cómo proteger los huesos
Frente a este escenario, la académica de Nutrición y Dietética UNAB subraya la importancia de realizar cambios concretos en la alimentación diaria. “Reducir el consumo de ultraprocesados no significa eliminarlos por completo, sino disminuir su frecuencia y priorizar alimentos frescos o mínimamente procesados”, explica.
Dentro de las recomendaciones, destaca el consumo de lácteos semidescremados, pescados como sardinas, huevos, legumbres, verduras de hoja verde y frutos secos. “Estos alimentos permiten cubrir los requerimientos de nutrientes esenciales para la salud ósea de manera natural”, señala.
Asimismo, Valenzuela recomienda preferir preparaciones caseras, revisar el etiquetado nutricional y evitar productos con múltiples sellos de advertencia. “Son estrategias simples, pero muy efectivas para mejorar la calidad de la dieta”, indica. A ello se suma “una adecuada exposición solar y la práctica regular de actividad física, especialmente ejercicios de fuerza, que también fortalecen los huesos”.
“Cuidar los huesos no depende solo del calcio”, concluye la nutricionista. “Es el resultado de un patrón de alimentación equilibrado y de buena calidad. En ese sentido, reducir el consumo de ultraprocesados es una medida concreta y efectiva para proteger la salud ósea a largo plazo”, subraya.