Las Fiestas Patrias tienen varios sabores característicos. Entre ellos aparecen las empanadas, los anticuchos y los asados. A esa tradición también se suma el vino chileno, presente en numerosas mesas durante septiembre.
La producción vitivinícola nacional cuenta con una amplia variedad de cepas y territorios. Esta combinación permite obtener vinos con características diferentes según el valle y la variedad utilizada.
El territorio chileno también entrega condiciones particulares para la actividad vitivinícola. El desierto de Atacama, la cordillera de los Andes, el océano Pacífico y los hielos australes forman barreras naturales.
Estas condiciones ayudaron a mantener los viñedos alejados de algunas plagas. Entre ellas se encuentra la filoxera, insecto que provocó graves daños en los viñedos europeos durante el siglo XIX.
La particular historia de las cepas chilenas
El aislamiento geográfico también contribuyó a conservar variedades que desaparecieron de otros lugares.
Un caso emblemático corresponde al Carménère. Esta cepa tiene origen bordelés y durante años se consideró extinta.
Sin embargo, en 1994 investigadores identificaron ejemplares de Carménère en viñedos chilenos. En ese momento se pensaba que esas plantas correspondían a Merlot.
La diversidad también se expresa en los distintos valles productores. Casablanca destaca por sus vinos blancos, mientras Maipo y Colchagua son reconocidos por tintos de mayor estructura.
En Maule, además, existen algunas de las plantas más antiguas de País. Esta variedad territorial permite encontrar diferentes perfiles de vino chileno.
Chile también ocupa un lugar destacado en el mercado internacional. El país se mantiene desde hace más de una década como el cuarto mayor exportador de vino del mundo.
Un vínculo que comenzó hace 481 años
La relación entre Chile y la producción vitivinícola tiene una historia mucho más extensa que las celebraciones actuales.
El 4 de septiembre se conmemora el Día Nacional del Vino. La fecha quedó establecida oficialmente en 2015 mediante un decreto de la entonces presidenta Michelle Bachelet.
La ceremonia de oficialización tuvo lugar en la Viña Cousiño Macul. La iniciativa contó con la solicitud de 17 instituciones vinculadas al sector.
Sin embargo, el origen histórico de esta celebración se remonta mucho más atrás. Según el historiador de la Universidad de Chile Gonzalo Rojas Aguilera, el primer registro escrito data de 1545.
Ese año, Pedro de Valdivia escribió al rey Carlos V. En la misiva solicitó el envío de vides y vino para apoyar la evangelización del territorio.
Las provisiones que llevaba su expedición ya se habían agotado. Meses después, Perú respondió a la solicitud con nuevos embarques.
Ese episodio constituye el primer registro escrito que vincula a Chile con el vino.
Cinco opciones para la mesa de Fiestas Patrias
La diversidad de la producción nacional permite encontrar alternativas para distintos platos y preparaciones.
José Heredia, administrador de La Pérgola y experto en cata de vinos, destacó precisamente esta variedad.
«En Chile encontramos de todo y de muy buena calidad. Desde el Carménère hasta variedades de mayor tradición como el Cabernet Sauvignon o el Merlot. La oferta vitivinícola nacional es tan amplia que hay opciones para todos los gustos, bolsillos y paladares. Lo importante es que un buen vino chileno hace la diferencia. Por eso, pensando también en apoyar a la industria del vino chileno, en La Pérgola tenemos estas cinco etiquetas, y toda la carta de vinos, prácticamente a precio retail para estas Fiestas Patrias», dice Heredia, quien sugiere las siguientes etiquetas nacionales para la ocasión.
1. Marqués de Casa Concha
El Pinot Noir de Viña Concha y Toro, proveniente del valle del Limarí, presenta fruta madura y notas de cereza.
En boca ofrece un perfil equilibrado. La recomendación entregada lo vincula principalmente con carnes rojas preparadas a la parrilla.
2. Selección de Familia Gran Reserva
Esta alternativa corresponde a un Carménère de Viña Luis Felipe Edwards, elaborado en el valle de Colchagua.
Entre sus características aparecen aromas de cereza, pimienta negra y madera tostada. Su perfil combina suavidad y fruta, junto con una estructura apropiada para carnes rojas y quesos.
3. Peñalolén
El Cabernet Sauvignon de Viña Peñalolén, procedente del valle del Maipo, presenta un tono rubí brillante.
También ofrece notas frutales y herbales. En boca destaca por su frescura y por un equilibrio entre estructura y textura.
Esta alternativa puede acompañar preparaciones con carne de vacuno y cerdo. También combina con quesos maduros.
4. Domus Aurea
El cuarto vino corresponde a un Cabernet Sauvignon de Viña Quebrada de Macul, también del valle del Maipo.
Su color es rubí intenso y presenta una marcada expresión aromática. Entre sus notas aparecen frutos rojos y cassis.
Su perfil incorpora una densidad equilibrada y frescura. La selección propuesta lo vincula con cordero, ciervo, aves y quesos.
5. Don Melchor
El listado se completa con Don Melchor, Cabernet Sauvignon de Viña Concha y Toro, proveniente del valle del Maipo.
La etiqueta destaca por su cuerpo firme y sus taninos integrados. También presenta fruta oscura madura, especias, chocolate y tabaco.
Según la recomendación entregada, puede acompañar carnes rojas asadas, cordero al horno y quesos de sabor intenso.
Así, la diversidad de cepas y valles permite contar con distintas alternativas para la mesa. Desde el Carménère hasta el Cabernet Sauvignon, el vino chileno forma parte de una tradición vitivinícola con siglos de historia.
La oferta nacional también refleja la diversidad geográfica del país. Esta característica explica parte de la variedad disponible para las celebraciones y reuniones familiares de septiembre.