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Aumento de casos de sífilis en Chile: ¿por qué afecta más a mujeres sobre 60 años?

Aumento de casos de sífilis en Chile: ¿por qué afecta más a mujeres sobre 60 años?
Sífilis – Cedida

Los registros del Ministerio de Salud confirman una tendencia que preocupa a los equipos de salud pública, y es que los casos de sífilis vienen en aumento sostenido en Chile, y uno de los datos más llamativos es la duplicación de diagnósticos entre mujeres mayores de 60 años.

Al respecto, Felipe Pérez, académico de la Escuela de Obstetricia de la Universidad Andrés Bello (UNAB), analiza las causas detrás de esta cifra y advierte que el fenómeno no responde a un solo factor.

Un alza que combina varias causas

Según Pérez, la base del incremento es una baja percepción de riesgo en la población general, que se traduce en menor uso de preservativo. A eso se suma un efecto colateral inesperado, “como la terapia antirretroviral redujo el temor al VIH, parte de la población relajó también las medidas de prevención frente a otras infecciones de transmisión sexual que no tienen relación con el VIH, como la sífilis”, explica.

La pandemia también dejó su huella. Los servicios de salud sexual estuvieron detenidos durante 2020 y el sistema experimenta un rebote de la demanda varios años después. A esto se agrega un elemento que el propio Minsal reconoce, ya que hoy se testea más que antes, lo que explica parte del aumento estadístico.

Sin embargo, el académico de la UNAB precisa que esto no minimiza el problema, ya que más de la mitad de los casos registrados en 2025 corresponden a etapas precoces, es decir, contagio activo y no cicatrices de infecciones antiguas.

Por qué el aumento golpea con fuerza a las mujeres mayores de 60

Para Pérez, este es el punto que requiere una explicación más detallada, porque suele simplificarse sin abordar la combinación de factores que hay detrás.

En el plano demográfico, hay más personas mayores con vida sexual activa, muchas veces con nuevas parejas tras un proceso de viudez o divorcio. El académico UNAB menciona un factor que rara vez se considera en este debate: los fármacos para la disfunción eréctil ampliaron la ventana de actividad sexual de los hombres mayores, lo que a su vez aumenta la exposición de sus parejas.

También hay un componente biológico, recalca: “La caída de estrógenos en la posmenopausia adelgaza y reseca la mucosa vaginal, favorece microlesiones durante las relaciones sexuales y altera el pH y la flora protectora natural. Como resultado, el riesgo de infección ante una misma exposición es mayor que en etapas previas de la vida“.

A esto se suma una falla del propio sistema de salud, que pierde de vista a este grupo etario. Las mujeres mayores dejan de asistir a controles ginecológicos y PAP con la misma frecuencia, procedimientos que antes funcionaban como puerta de entrada para la detección temprana. Pérez plantea que persiste, además, un prejuicio cultural que hace que los equipos de salud no indaguen sobre la vida sexual de las usuarias mayores de edad. A eso se agrega una dificultad clínica adicional: el chancro sifilítico en la mujer suele ser interno e indoloro, lo que facilita que pase inadvertido, a diferencia de lo que ocurre en los hombres.

El académico UNAB plantea también una hipótesis complementaria, aunque no determinante: parte del alza en este grupo podría explicarse por mayor detección incidental y por el fenómeno serofast, es decir, serologías que permanecen reactivas por infecciones antiguas ya tratadas. Sin embargo, aclara que esta hipótesis no explica el fenómeno completo, considerando que más de la mitad de los casos corresponden a etapas precoces de la enfermedad.

Cómo revertir esta tendencia

Pérez sostiene que el preservativo sigue siendo la primera línea de prevención, pero advierte sobre sus límites: la protección es parcial, porque el treponema se transmite por contacto piel-mucosa y las lesiones pueden ubicarse fuera de la zona que cubre el condón. Por eso, insiste en que esta medida no reemplaza al testeo, sino que lo complementa.

El académico identifica en el tamizaje la principal oportunidad de mejora. Chile ya cuenta con testeo rápido de VIH en el 100% de las comunas a través de la atención primaria de salud (APS). Ampliar esa cobertura a pruebas duales de VIH y sífilis, e incorporar a los adultos mayores sexualmente activos como población prioritaria, sería según Pérez el cambio de mayor impacto en el corto plazo.

Respecto al tratamiento, señala que no es el problema: la penicilina benzatínica se administra en dosis única en fase precoz y en tres dosis en fase tardía, y está disponible de forma gratuita en el sistema público. Lo relevante, plantea, es no dejarlo a medias. Es necesario tratar también a la pareja y realizar seguimiento serológico, porque de lo contrario el ciclo de transmisión permanece abierto.

Finalmente, el académico UNAB propone tres medidas a nivel de sistema: incorporar el tamizaje de sífilis en los controles de salud del adulto mayor, donde hoy no está contemplado; capacitar a los equipos de salud para abordar la sexualidad sin el filtro del edadismo; y que las campañas de prevención dejen de dirigirse exclusivamente a la población joven.

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