Esta noche dio inicio la esperada versión número 64 del Festival de Viña del Mar, y como es tradición, la obertura fue un momento clave para marcar el tono del evento. Sin embargo, en esta ocasión, la producción apostó por un concepto futurista, fusionando tecnología avanzada con elementos del pasado, lo que sorprendió tanto a la audiencia en el Estadio Viña del Mar como a los miles de televidentes.
La presentación comenzó con el uso destacado de Inteligencia Artificial, que jugó un papel fundamental en la creación de las imágenes y efectos visuales que adornaron el escenario. Se mostraron impresionantes proyecciones de Antonio Vodanovic, conductor histórico del festival, así como de festivales pasados, rescatando momentos de la historia del evento y elementos que han marcado el certamen a lo largo de los años. A esto se sumaron imágenes de los tradicionales trolebuses que siguen recorriendo las calles de Valparaíso, la ciudad sede del festival, evocando la esencia del lugar y la cultura local.
Lo que más llamó la atención fue la elección de la música y las imágenes que acompañaron el final de la obertura. El ritmo de la música y el montaje visual fueron comparados en redes sociales con una fiesta electrónica, específicamente con el estilo conocido como “Afterlife”, un tipo de “fiesta tech” o “rave”. La combinación de música electrónica con proyecciones futuristas generó opiniones divididas, algunos elogiando la innovación, mientras que otros consideraron que se alejaba demasiado de la esencia tradicional del festival.
El público también expresó críticas respecto a la falta de elementos representativos de Chile. En versiones anteriores, se han destacado presentaciones de grupos como el Bafochi o Bafona, que han mostrado la riqueza de la música y danza tradicional chilena, y este año no se incluyeron esos símbolos en la obertura. Para muchos espectadores, esto resultó desconcertante, ya que el Festival de Viña del Mar siempre ha sido un escaparate para la cultura nacional, además de la internacional.
A pesar de las críticas, la obertura dejó claro que la organización del festival está buscando nuevas formas de sorprender a su público, incorporando las tendencias más modernas, pero también se hizo evidente que algunos esperaban una mayor conexión con lo tradicional de la cultura chilena. Este inicio marcó una versión del festival en la que la innovación y la tradición continúan siendo elementos clave en el escenario más importante de la música latina.