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Menos agua caída y precipitaciones más concentradas: el nuevo escenario hídrico que enfrenta la zona central

Menos agua caída y precipitaciones más concentradas: el nuevo escenario hídrico que enfrenta la zona central
Agencia Uno.

Los recientes sistemas frontales han dejado importantes precipitaciones en distintas zonas de Chile. Sin embargo, estos episodios no significan necesariamente un cambio en la tendencia climática que afecta a la zona central.

Durante las últimas décadas, esta parte del país ha registrado una disminución de las precipitaciones respecto de sus niveles históricos. Al mismo tiempo, los eventos de lluvia han tendido a concentrarse en períodos cada vez más breves.

Miguel Fernández, investigador del proyecto GEOOS de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), explicó que resulta necesario distinguir entre un episodio puntual y una transformación climática de largo plazo.

Los registros de la estación Faro Punta Ángeles de Valparaíso muestran diferencias importantes entre el comportamiento actual y el registrado durante el siglo pasado.

En décadas anteriores, la zona central recibía mayores volúmenes de agua. Además, durante el invierno, los sistemas frontales llegaban con mayor frecuencia.

Según Fernández, durante ese período podía registrarse al menos un sistema frontal por semana. Sin embargo, ese patrón “ha cambiado drásticamente en las últimas décadas”, puntualizó el investigador.

Anticiclón del Pacífico influye en la menor cantidad de lluvias

Uno de los factores que explica esta modificación corresponde al comportamiento del Anticiclón Semipermanente del Pacífico Sur.

De acuerdo con Fernández, el cambio climático ha fortalecido y extendido este centro de alta presión. Esta condición favorece un bloqueo atmosférico que dificulta el avance de los sistemas frontales hacia la zona central.

Como consecuencia, las precipitaciones han disminuido de manera progresiva. El fenómeno también ha modificado la distribución temporal de las lluvias.

El investigador señaló que las precipitaciones de otoño y primavera también han disminuido. Cuando ocurren, además, suelen concentrarse en períodos más cortos.

Por esta razón, Fernández planteó que el análisis no debe centrarse únicamente en el volumen anual. El investigador advirtió que el problema “no reside únicamente en la cantidad total de agua caída al año, sino en la intensidad y concentración de los eventos de precipitación”.

La concentración de las lluvias genera efectos relevantes sobre la disponibilidad de agua. Cuando una precipitación intensa supera la capacidad de absorción del suelo, aumenta la escorrentía superficial.

El agua puede desplazarse rápidamente hacia quebradas, esteros y ríos. Este proceso eleva el riesgo de desbordes, aluviones e inundaciones.

Sin embargo, una gran cantidad de agua en poco tiempo no necesariamente permite recuperar las reservas hídricas de largo plazo. Una parte importante del recurso puede abandonar rápidamente las cuencas.

Menos nieve podría afectar las reservas para primavera y verano

El momento en que ocurren las precipitaciones también adquiere especial importancia. Las lluvias registradas durante períodos más cálidos pueden modificar la cantidad de agua que queda almacenada en la cordillera.

Fernández explicó que durante este año se produjo un desfase temporal del fenómeno de El Niño. El fenómeno no logró coincidir con el invierno para potenciar sus efectos.

Según el investigador, sus efectos comenzaron a percibirse aproximadamente a mediados de julio. Esto dejó la primera mitad del invierno y el otoño con déficit pluviométrico.

Este retraso también puede elevar la isoterma cero. Con ello, parte de las precipitaciones cordilleranas puede caer en forma líquida en lugar de permanecer como nieve.

La diferencia resulta relevante para la seguridad hídrica. La nieve constituye una de las principales reservas naturales de agua para los meses de primavera y verano.

Por otra parte, la variabilidad climática todavía puede generar años particularmente lluviosos. No obstante, las proyecciones apuntan a un escenario con mayor irregularidad climática.

La zona central podría enfrentar períodos secos seguidos por episodios de lluvia intensa y concentrada. Esta situación obliga a revisar los criterios utilizados para planificar el manejo del agua.

El investigador de la PUCV sostuvo que “Ya no basta con contabilizar el volumen total de agua caída durante un año, resulta necesario observar la frecuencia y trayectoria de los sistemas frontales, el déficit pluviométrico acumulado y la evolución de variables como la isoterma y la cobertura vegetal” expresó Fernández.

De esta manera, el desafío consiste en adaptar la gestión del recurso a un escenario distinto al de décadas anteriores.

La seguridad hídrica en la zona central deberá considerar menores volúmenes acumulados, una mayor irregularidad y precipitaciones más concentradas.

El análisis de estos factores permitirá anticipar mejor los períodos secos y los eventos extremos. También ayudará a planificar de manera más eficiente el uso y almacenamiento del agua disponible.

Así, las lluvias recientes pueden entregar un alivio temporal frente al déficit. Sin embargo, no bastan por sí solas para revertir una tendencia climática de largo plazo que ha reducido las precipitaciones y modificado su distribución en la zona central de Chile.

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