En países como Estados Unidos, los brotes de norovirus han alcanzado cifras récord. Según datos recientes, en la primera semana de diciembre se registraron 91 brotes, superando ampliamente los picos anteriores. Este incremento podría atribuirse a la circulación de la variante GII.17, que está logrando eludir la protección inmunitaria en gran parte de la población.
El contexto pospandémico también ha jugado un papel relevante: el retorno a eventos sociales, viajes y la convivencia masiva, suspendidos durante los años más críticos del covid-19, ha creado un entorno favorable para la propagación de virus altamente contagiosos que requieren tratamiento médico, como el norovirus.
Además, la ausencia de una vacuna efectiva complica los esfuerzos por controlar los brotes. La candidata más avanzada recientemente falló en sus ensayos, y las demás están en etapas iniciales de desarrollo, con proyecciones que apuntan a varios años antes de que puedan estar disponibles.
¿Qué es el norovirus y por qué es tan preocupante?
El norovirus es conocido por causar episodios de diarrea y vómitos intensos, que suelen durar un día. Aunque la mayoría de las personas se recuperan sin complicaciones graves, el virus tiene un alto potencial de transmisión. Incluso semanas después de que los síntomas desaparezcan, los individuos pueden seguir siendo portadores y propagadores.
En los países en desarrollo, el virus es responsable de la muerte de 200.000 niños pequeños al año, y en naciones desarrolladas representa un riesgo considerable para grupos vulnerables como niños, ancianos y personas inmunodeprimidas.
Desde su descubrimiento en 1972, el norovirus ha demostrado una notable capacidad de evolución. Existen más de 30 genotipos principales que mutan constantemente, especialmente en la proteína de superficie VP1, el principal objetivo de los anticuerpos. Esto explica la dificultad para desarrollar vacunas y tratamientos efectivos.
La variante GII.17: el factor clave del aumento
El cambio más significativo en la dinámica actual de los brotes parece estar vinculado a la variante GII.17. Aunque este genotipo ha circulado de manera aislada durante décadas, un informe de Eurosurveillance indicó que comenzó a propagarse de forma masiva en 2023 en países como Austria, Francia, Alemania, Irlanda, los Países Bajos e Inglaterra, además de Estados Unidos.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) confirmaron que el 70% de los 56 virus analizados entre septiembre y diciembre de 2023 pertenecían a esta cepa. Este predominio podría señalar el inicio de una nueva ola de infecciones liderada por GII.17, similar a las ocurridas con variantes previas en años anteriores.
A medida que los brotes de norovirus se intensifican, la comunidad científica y las autoridades sanitarias hacen un llamado a reforzar las medidas de higiene, especialmente en lugares cerrados y de alta concurrencia, como escuelas, hospitales y hogares de ancianos. Lavarse las manos frecuentemente, desinfectar superficies y evitar la preparación de alimentos si se presentan síntomas son prácticas esenciales para frenar su propagación.