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Quillay: El potencial exportador de una especie endémica

Quillay: El potencial exportador de una especie endémica
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Sus compuestos ganan espacios como reemplazo de preservantes o aditivos en alimentos. Incluso se estudia su aplicación en envases biológicamente activos. Para poder aprovechar sus capacidades sin dañar el bosque, se buscan fórmulas que permitan reforestar en zonas que hoy tienen pinos o eucaliptos o incluso se domestica la especie para transformarla en cultivo.

quillay florCrece entre Coquimbo y La Araucanía y puede alcanzar hasta los 20 metros de altura. El quillay es uno de los árboles endémicos y nativos más reconocidos del país. No solo por su capacidad de adaptación y porque aporta a la polinización, sino que también, por sus propiedades y los usos que se les pueden dar a sus saponinas -compuesto que está en su corteza, hojas y raíces- y que abren nuevas perspectivas para esta especie, sobre todo por el creciente uso para la industria alimentaria, generando nuevos espacios para que Chile compita en los mercados de alimentos limpios, o sin químicos.

“El quillay necesita protegerse generando en su corteza exterior una resguardo biológico natural que son las saponinas”, explica Andrés González, gerente general de Nature Response, empresa especializada en quillay.

Las saponinas son un tipo de fitoquímico que contiene nutrientes no esenciales a partir de las cuales se puede, entre otras cosas, fabricar una espuma que antiguamente era utilizada por los mapuches como detergente. Su uso se extendió rápido a industrias como la farmacéutica, los cosméticos, la agricultura y la minería. Y ahora en la alimentación.

“Tiene fuerte potencial de crecimiento. La demanda por nuestro productos crece del orden del 20% y debería mantenerse”, dice González.

En realidad, en los alimentos se viene usando desde hace un tiempo, especialmente como espumante en jugos en polvo, cervezas y gaseosas. “Cuando vacías el sobre en agua se genera cierta espuma, la cual el mercado percibe como frescura. Lo que hace el extracto de quillay es rodearla para que dure más y que mantenga su volumen normal, si no lo hiciéramos la espuma solo duraría algunos minutos”, comenta Carlos Álvarez, responsable de la compra de insumos de Mondelez, empresa que fabrica jugos en polvo a nivel internacional.

Pero, también se están usando cada vez más como adivitos en los alimentos, de mano de la tendencia global a eliminar componentes químicos.

“En países de Europa, de Asia e incluso en algunos estados de EE.UU., el uso de etiquetas limpias es prácticamente ley, es decir no se permite que los alimentos contengan químicos. La etiqueta debe contemplar solo productos naturales”, explica González.

Una de las fórmulas que se estudia para proteger los alimentos, sin incorporarles químicos, son los envases biológicamente activos, es decir ellos contengan compuestos naturales que actúen para extender la vida útil del alimento.Ahí nuevamente aparece el quillay.

“A alguien se le ocurrió la idea de proteger los alimentos como si fuera la naturaleza y poner una cáscara que recubra y ahí se utiliza el quillay”, dice Andrés González.

Disminuir los antibióticos

Otro uso, en la misma línea de alimentos limpios, es en la alimentación animal donde el quillay permitiría disminuir la cantidad de antibióticos que se les utilizan.

En este caso la industria ha desarrollado extractos que, incorporados en su alimentación, potencian las defensas del animal, reduciendo así la las cantidades de antibióticos que requieren. El menor uso de antibióticos implica además trabajar en contra de la creciente resistencia a estos compuestos, que es una de las causas que está llevando a que en los países desarrollados se generen normativas para evitar su uso.

Proteger el bosque nativo

Pero, no todo es tan fácil. La idea es que se puedan aprovechar los beneficios de la especie, sin dañarla ni diezmarla.

Como se trata de una especie endémica del bosque esclerófilo, el quillay cae dentro de los que deben trabajarse de acuerdo a la ley 20.283 sobre la recuperación del bosque nativo y fomento forestal, que establece requisitos para su manejo, lo que implica que el acceso a la materia prima, sin destruir el bosque, es acotado.

“Nosotros tenemos un plan de manejo aprobado por Conaf que nos permite hacer trabajos de mejora del bosque, como poda, y lo que se utiliza es la biomasa de esas podas. Todo está controlado por Conaf”, explica González.

Así, en las distintas empresas están buscando las fórmulas para reforestar o incluso para domesticar la especie y así convertirla en un cultivo.

Así en Naturex lanzaron proyecto “Pathfinder”, a través del cual destinan un porcentaje de las ganancias de la compañía a plantar 200 mil árboles de quillay, entre las regiones del Maule y de Biobío, para el año 2020. Para ello buscan productores forestales o agricultores para reforestar con la especie. Hoy ya tienen más de 20 mil árboles plantados.

“Estamos entrando en una campaña fuerte con empresas más grandes para que el próximo año podamos plantar 50 mil árboles, recién estamos partiendo pero queremos ir de menos a más”, comenta Juan José Albarrán, managing director de Naturex.

Siguiendo la misma línea, Natural Response tienen claro que el bosque nativo tiene un límite y por lo mismo han desarrollado durante los últimos años proyectos de conciencia medioambiental, a través de un programa de manejo del bosque nativo que realizan en conjunto con Conaf. Este consiste en trabajar en los predios que cuentan con árboles de quillay mediante un sistema de poda consciente, cortando solo la biomasa, para que el árbol crezca en mejores condiciones y no volver a podarlo en los próximos ocho años para que se recupere completamente. Por último, tienen una serie de investigaciones en curso, una de ellas financiada por la Corporación de Fomento (Corfo), la cual consiste, entre otras cosas, en detectar formas más eficientes de obtener la biomasa del árbol y así por ejemplo determinar si se pueden obtener saponinas de las hojas.

Además hay un segundo proyecto, que contempla una inversión de US$ 1,5 millones para los próximos tres años. Este consiste en trabajar con agricultores y arrendar a largo plazo sus predios donde plantan quillay, el cual así se transforma en cultivo.

“En la VIII Región incluso tenemos dos productores que cambiaron sus cultivos de pinos y eucaliptos por quillay”, comenta González.

El beneficio de esto, explica, es que no sólo se protege a la especie, sino que al devolverle a la zona especies nativas, significa que también se recupera la biodiversidad propia de ese lugar.

Fuente: Revista del Campo

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