El avance de la inteligencia artificial en educación está generando un creciente debate a nivel internacional, luego de que distintos estudios advirtieron efectos en la forma en que los estudiantes procesan y construyen conocimiento.
Un informe reciente de la OCDE sobre tecnología y aprendizaje señala que el uso de herramientas digitales no garantiza mejoras educativas si no está acompañado de un diseño pedagógico adecuado, e incluso puede tener efectos negativos cuando reemplaza procesos cognitivos fundamentales.
A esto se suma evidencia desde la psicología cognitiva. Investigaciones sobre “cognitive offloading” —-a tendencia a delegar procesos mentales en herramientas externas— muestran que el uso intensivo de tecnología puede reducir el esfuerzo cognitivo necesario para tareas como analizar, planificar o evaluar información.
“Hoy la inteligencia artificial no solo apoya el aprendizaje, también puede reemplazar partes importantes del proceso”, explica Lucas Silva, Director de Innovación y Educación en Lirmi. “El riesgo es que los estudiantes lleguen a respuestas correctas sin haber desarrollado las habilidades necesarias para construirlas”, agrega.
El fenómeno se relaciona con teorías ampliamente estudiadas en educación. El psicólogo Robert Bjork, de la Universidad de California, ha demostrado que el esfuerzo y la dificultad son componentes esenciales del aprendizaje efectivo, lo que denomina “dificultades deseables”.
En este contexto, especialistas advierten que una adopción acelerada de IA en salas de clase, sin lineamientos claros, podría generar una brecha entre rendimiento inmediato y aprendizaje profundo.
“La discusión no es si la IA debe usarse o no, sino bajo qué condiciones”, señala Silva. “Sin una estrategia clara, la tecnología puede mejorar la eficiencia, pero no necesariamente el aprendizaje”.