¿Te sientes triste, ansioso o agobiado? Tranquilo, no estás solo. Pero ojo: en Chile, sentir incomodidad emocional podría terminar con receta médica. Así lo alerta el psicólogo e investigador Dr. Jaime Silva Concha, director del Instituto de Bienestar Socioemocional de la UDD, quien denuncia un fenómeno cada vez más frecuente: confundir el malestar natural con enfermedad mental.
Chile, entre los países que más receta antidepresivos
El dato es alarmante. Chile multiplicó por siete su consumo de antidepresivos en los últimos 20 años, posicionándose como el quinto país de la OCDE en esta categoría. Según el Termómetro de la Salud Mental 2025, el 13,7% de los encuestados tiene síntomas moderados o severos de depresión, cifra que alcanza el 17,4% en mujeres.
Pero el Dr. Silva es claro:
“No estamos enfermos por sentirnos tristes. Estamos vivos”, advierte. Y su mensaje es potente: el dolor emocional no siempre es patología, puede ser una señal legítima que merece ser escuchada y comprendida.
La tiranía de la felicidad: ¿Por qué no podemos estar mal?
En su libro “Detén el estrés”, Silva critica la cultura del optimismo tóxico:
“Hemos construido una cultura emocional intolerante al sufrimiento”, señala. El problema no es estar mal, es que nos enseñaron a que no se puede estar mal. Y esa presión termina apagando las emociones con diagnósticos y pastillas que, muchas veces, silencian lo que en realidad necesita atención y contención.
La psicoanalista Constanza Michelson coincide:
“Los diagnósticos le ganaron a las preguntas y las pastillas a las palabras”, afirma.
¿La solución? Menos fármacos, más vínculos
Silva plantea un giro necesario: volver al origen emocional de lo que sentimos. Basado en la Terapia de Regulación Emocional, su enfoque entiende las emociones como brújulas evolutivas, no como errores bioquímicos.
“No hay regulación emocional sin vínculo. A veces, lo que llamamos ansiedad es una legítima alarma ante un entorno que ya no es seguro”, sostiene.
Y las cifras lo respaldan: según el INJUV, el 87,4% de los jóvenes evita hablar de salud mental por miedo a la discriminación. El problema no es solo personal, es cultural y social.
No se trata de eliminar los medicamentos, pero sí de pensar antes de recetar
El llamado de los expertos es claro: los fármacos pueden ser necesarios, pero no deben ser la primera respuesta automática. Lo que se necesita es más escucha, más preguntas, más humanidad.
Porque el bienestar emocional no se receta: se construye, desde el vínculo, la comunidad y el sentido. Tal vez no estemos enfermos… tal vez solo necesitemos hablar.