No es extraño ver en la calle, al viajar en metro o en cualquier lugar concurrido a más de una persona utilizando audífonos a un volumen alto. De hecho, entre el 18% y el 29% de los jóvenes se exponen a diario a sonidos que exceden los niveles considerados “normales”. Pero, ¿qué tan peligroso puede ser este hábito?
La música, los conciertos y eventos son sin duda espacios de esparcimiento necesarios y muy habituales, especialmente entre los más jóvenes. Sin embargo, los expertos en la materia advierten que una exposición prolongada a sonidos que superen los 80 o 90 decibelios podría causar pérdida parcial o incluso total de la audición.
“Es importante explicar que el nivel de ruido en lugares como festivales suele rondar los 104-112 decibelios, cifras muy alejadas de los 60 decibelios que se consideran seguros, y muy cercanos a los 120 decibelios de un taladro”, comenta la fonoaudióloga de GAES, Andrea Lizama. Lo anterior se ve agravado por el uso de audífonos inalámbricos de inserción, los que perjudican con altos niveles de música dentro del oído.
“Lo que ocurre con estos niveles de ruido es que pueden ocasionar daño en las células ciliadas, que son transductores muy sensibles para la audición y que nos permiten escuchar correctamente. Ante la exposición a sonidos fuertes, se puede manifestar fatiga, tinnitus —el zumbido auditivo típico que suele producirse tras un concierto— e incluso, pérdida auditiva temporal”, agrega la especialista médica.
Normalmente, estas células se recuperan y desaparecen los síntomas, pero nuevos estudios sugieren que la constante exposición a sonidos fuertes puede derivar en una pérdida de la audición permanente, una situación que disminuye la calidad de vida y que está correlacionada con la probabilidad de aislación social, depresión y demencia.