En Chile, el incumplimiento en el impuesto corporativo alcanza un 51,4%, según estimaciones recientes del Servicio de Impuestos Internos (SII). Esta cifra revela una realidad crítica, debido a que la valorización de empresas ha dejado de ser un simple registro contable para convertirse en un factor estratégico con profundas implicancias patrimoniales. Durante décadas, el “valor libro” fue el estándar para aumentos de capital o procesos sucesorios, pero hoy este enfoque resulta insuficiente y riesgoso frente a la fiscalización actual.
Al respecto, Fernando Pérez del Valle, socio de KW Consulting, enfatizó que “La contabilidad histórica no refleja la riqueza real de una compañía. El foco debe estar en la capacidad de generar flujos de caja futuros y en lo que un tercero pagaría en condiciones de mercado. Sin una valorización técnica que respalde estos números, las empresas y sus socios quedan expuestas a riesgos tributarios y patrimoniales”.
Estándares Internacionales y Ley 16.271
Bajo la IFRS 13, el valor debe reflejar el precio de salida en una transacción de mercado. Según Deloitte, estos modelos mejoran la comparabilidad y entregan información más relevante para evaluar el desempeño. Ignorar esto es riesgoso: bajo la Ley N° 16.271 (Herencias y Donaciones), existen especificaciones claras sobre cómo tasar activos.
El SII está empezando a ejercer con fuerza su facultad de retasación en traspasos y procesos sucesorios. “Es un problemón cuando se declara cualquier cifra sin sustento; ante la necesidad de mayor recaudación, el SII impugnará valores no fundamentados”, advierte Pérez del Valle.
Con las propuestas de reforma tributaria, el estándar técnico se vuelve aún más exigente. Para empresas sin presencia bursátil, esto obliga a abandonar el trámite administrativo en favor de metodologías rigurosas como el Flujo de Caja Descontado (FCD) o Múltiplos Comparables.
Defendibilidad técnica: El nuevo estándar
Para Pérez del Valle, el concepto clave es la defendibilidad técnica. Una valorización profesional debe integrar análisis financiero y sectorial para resistir revisiones de terceros. “En un entorno fiscalizado, la pregunta ya no es cuánto dice el balance que vale la empresa, sino cuánto vale realmente y si ese valor es técnicamente defendible”, concluye.