La dependencia excesiva de los smartphones, conocida como nomofobia, se ha convertido en un fenómeno creciente en sociedades hiperconectadas, según expertos de la Universidad de Santiago.
Un trastorno emergente de la modernidad digital
Rodrigo Rojas, psicólogo y académico de la Escuela de Psicología de la Universidad de Santiago, explica que la nomofobia “refiere al miedo o ansiedad intensa que experimenta una persona al quedarse sin acceso a su teléfono móvil, ya sea porque lo olvidó, o porque se quedó sin señal, sin batería o sin datos”.
El especialista señala que, aunque la nomofobia aún no está reconocida oficialmente en manuales clínicos como el DSM-5 o la CIE-11, “algunos autores la consideran como una adicción conductual comparable con la ludopatía o la adicción a internet”. Este fenómeno, según Rojas, es “un mal de las sociedades modernas” y refleja cómo los teléfonos móviles se han transformado en mediadores centrales de la vida social, académica y laboral.
Síntomas y riesgos asociados
Entre los síntomas más comunes, Rojas destaca “ansiedad, irritabilidad al no tener un teléfono cerca, el uso compulsivo y excesivo del dispositivo, la dependencia psicológica para sentirse conectado o seguro, la dificultad para concentrarse en actividades sin el teléfono y las manifestaciones físicas del estrés”.
El psicólogo advierte que esta dependencia puede generar “alteraciones del sueño, baja en el rendimiento académico o laboral, problemas en las relaciones interpersonales y riesgos de accidentes por el uso del celular en la calle o al conducir”.
Estrategias para enfrentar la nomofobia
Para abordar este fenómeno, el especialista recomienda “una buena educación digital y autorregulación, establecimiento de horarios para el uso del celular y zonas libres de teléfono, fomentar actividades sin tecnología, desarrollo de habilidades para manejar el estrés y mejorar la tolerancia a la frustración”.
Rojas agrega que los tratamientos pueden incluir intervenciones psicológicas, terapias cognitivo-conductuales, entrenamiento para control de impulsos y rutinas de mindfulness. Además, “si los casos son más graves, se puede considerar tratamientos psiquiátricos para la ansiedad o depresión asociada”.
Con estas medidas, la nomofobia puede gestionarse de forma efectiva, reduciendo su impacto en la vida diaria y promoviendo un uso saludable del celular en la sociedad moderna.