El uso de inteligencia artificial en empresas se ha expandido con rapidez durante los últimos años. Sin embargo, su impacto directo en los resultados económicos sigue siendo limitado, según revelan diversos estudios internacionales.
De acuerdo con el McKinsey & Company, cerca del 88% de las organizaciones ya utiliza inteligencia artificial en al menos una función del negocio. A pesar de esa amplia adopción, solo el 19% de las compañías reporta aumentos de ingresos atribuibles directamente a esta tecnología.
Los datos forman parte del Global AI Survey, que analiza cómo las organizaciones integran herramientas basadas en IA en sus operaciones. El informe advierte que la mayoría de las empresas aún no logra traducir el uso de la tecnología en beneficios económicos concretos.
El estudio también indica que menos del 10% de las organizaciones ha conseguido escalar la inteligencia artificial de manera transversal, integrándola en procesos estratégicos o en la toma de decisiones operativas. En muchos casos, la inteligencia artificial en empresas se mantiene en aplicaciones puntuales, pilotos o herramientas aisladas dentro de equipos específicos.
Brecha entre adopción tecnológica y resultados
La distancia entre la adopción de la tecnología y su impacto real también ha sido detectada por otras consultoras internacionales. Un informe del Boston Consulting Group señala que solo el 26% de las compañías ha desarrollado capacidades avanzadas para capturar valor real de la inteligencia artificial.
El resto de las empresas continúa en etapas iniciales de experimentación, donde la tecnología se prueba en proyectos específicos, pero aún no logra integrarse de manera profunda en las operaciones del negocio.
Para Daniel Soto, ingeniero y dueño de la consultora de innovación tecnológica Landscape, esta situación refleja dificultades estructurales en la forma en que las organizaciones implementan la tecnología.
“los resultados limitados se reflejan principalmente en tres áreas: Primero, muchas empresas no han logrado incrementar ingresos o márgenes de manera medible a partir de estas tecnologías. Segundo, el impacto en productividad suele concentrarse en tareas específicas, como generación de documentos, apoyo en programación o análisis preliminar de datos, sin modificar procesos centrales del negocio. Y tercero, una proporción significativa de proyectos no logra pasar de la fase piloto, por lo que nunca alcanza escala suficiente para influir en los resultados globales de la organización.”, señaló Daniel Soto, ingeniero y dueño de la consultora Landscape.
Inversión en aumento, pero con desafíos
Pese a estos resultados, la inversión corporativa en inteligencia artificial continúa creciendo a nivel global. Según un informe de Menlo Ventures, el gasto empresarial en inteligencia artificial generativa superó los 37 mil millones de dólares en 2025, lo que representa más del triple respecto al año anterior.
Aun así, los especialistas advierten que el principal obstáculo no está en la tecnología, sino en la forma en que las organizaciones la integran en su funcionamiento.
“La inteligencia artificial exige nuevas capacidades en los equipos: saber formular preguntas, interpretar resultados, integrar modelos en procesos de trabajo y validar información generada por sistemas automatizados. Sin esas habilidades, las herramientas tienden a convertirse en asistentes marginales que no influyen en la operación ni en los resultados financieros.”, agregó Daniel Soto, ingeniero y dueño de Landscape.
Del uso de IA al modelo “AI-native”
En el sector tecnológico comienza a consolidarse un nuevo enfoque organizacional basado en modelos denominados “AI-first” o “AI-native”. Bajo esta lógica, las empresas diseñan sus procesos desde el inicio considerando la interacción con sistemas de inteligencia artificial, en lugar de incorporar estas herramientas de forma posterior.
Este cambio busca evitar que la tecnología se utilice solo como complemento. En cambio, propone repensar la estructura de trabajo y los procesos productivos desde su base.
Según los especialistas, la verdadera diferencia entre organizaciones ya no depende del acceso a la tecnología, sino de la capacidad de las personas para utilizarla de manera estratégica.
En ese contexto, el estudio concluye que la inteligencia artificial en empresas representa una oportunidad significativa, pero su impacto dependerá de la preparación de los equipos humanos para integrar estas herramientas en las decisiones y operaciones clave del negocio.