El trastorno afecta principalmente a mujeres entre los 20 y 50 años, deteriorando su calidad de vida sin causa ni diagnóstico claro.
El síndrome de fatiga crónica (SFC) ha ganado atención en los últimos años por su efecto debilitante en quienes lo padecen. Aunque aún no existen cifras concluyentes sobre su prevalencia en Chile, los síntomas y consecuencias de esta enfermedad siguen preocupando al mundo médico.
Mario Ríos, académico de la Escuela de Ciencias de la Actividad Física, Deporte y Salud de la Universidad de Santiago (Usach), explicó que el SFC, también llamado encefalomielitis miálgica, corresponde a “un trastorno crónico caracterizado por fatiga intensa y prolongada, de más de seis meses de evolución, que no mejora con el descanso y limita significativamente las actividades diarias”.
El especialista advirtió que esta condición implica un deterioro físico, cognitivo y emocional severo, con manifestaciones como dolor muscular, cefaleas frecuentes, sueño no reparador, hipersensibilidad sensorial y un marcado agotamiento tras esfuerzos mínimos. Además, señaló que los pacientes ven reducida su funcionalidad diaria en al menos un 50%.
Fatiga Crónica: Diagnóstico por exclusión y causas múltiples
Uno de los principales desafíos del síndrome de fatiga crónica es que no cuenta con una prueba específica para su detección. Según Ríos, “el diagnóstico se realiza por exclusión de otras dolencias”, mediante diversos exámenes clínicos. Agregó que la enfermedad no tiene cura, pero se puede controlar con terapias psicológicas, ejercicios adaptados y hábitos saludables.
Respecto de su origen, el académico indicó que no existe una única causa: “Comparte origen viral, ambiental y emocional”. Entre los factores asociados figuran infecciones previas, predisposición genética, desregulación inmune y traumas físicos o psicológicos.
Aunque en Chile no hay estudios definitivos, Ríos mencionó que “no se han encontrado estudios específicos que midan directamente la prevalencia del síndrome de fatiga crónica en el país”, lo que sugiere un subregistro, especialmente en contextos laborales y de salud mental.
En comparación, países como Estados Unidos y España registran cifras que fluctúan entre el 0,2% y el 0,8% de su población general. Además, un estudio internacional publicado en 2023 reveló que un 34,7% de los adultos padece dolor crónico no oncológico, lo que suele estar relacionado con la fatiga persistente.
Finalmente, Ríos subrayó que el abordaje terapéutico debe ser integral. Además del tratamiento psicológico y físico, recomendó prestar atención a factores como la nutrición, el sueño y las comorbilidades. “El síndrome de fatiga crónica no tiene cura, pero puede ser manejado con apoyo profesional y hábitos saludables”, concluyó.