Diversas investigaciones en Chile indican una variación estacional en las tasas de suicidio, evidenciando un incremento en los meses correspondientes a la primavera.
Un estudio publicado en el Journal of Affective Disorders en 2018 examinó datos del Registro Nacional de Mortalidad chileno entre 2000 y 2012.
Los datos demostraron que dichos índices eran más elevados durante esta estación, siendo octubre y noviembre los meses con los valores más altos de todo el año.
La psicóloga clínica Paula Ruiz, especialista en Terapia Conductual Dialéctica (DBT) del centro Salud Avanza, explicó hay una tendencia en el aumento de consultas.
En mayor cantidad en los últimos meses del año por temas relacionados con el suicidio o las autolesiones.
“Hay una tendencia a observar, más solicitud de horas relacionadas con cambios anímicos, ansiedad y también un aumento de intentos de suicidio”, comenta la terapeuta.
Los cambios de exposición lumínica y las probabilidades del aumento de suicidios en primavera
Uno de los principales factores asociados a este aumento de consultas tiene que ver con los cambios estacionales y de exposición lumínica.
“El aumento de luz solar podría producir cambios hormonales, como el aumento de la serotonina, que terminan afectando el estado de ánimo”.
“Este cambio podría producir mayor energía, por lo cual las personas tienden a hacer más actividades y a efectuar mayores interacciones sociales”, argumentó.
“En oposición a esto, las personas con algún tipo de desorden emocional presentan un estado anímico más deprimido y/o ansioso”.
“Sintiéndose diferentes al resto, lo que genera sensaciones de soledad y aislamiento”, explicó la especialista.
Y es que, paradójicamente, a medida que el mundo emerge del capullo del invierno, los sentimientos de aislamiento pueden intensificarse en primavera para las personas que viven cuadros depresivos o de ansiedad.
Ver a otros, disfrutar de actividades sociales puede exacerbar la sensación de soledad para aquellos que se sienten desconectados.
Especialistas advierten estar atentos a las señales
Hay señales directas e indirectas para identificar un comportamiento suicida, según señaló Nicole Reinike, psicóloga y terapeuta DBT.
“Las señales directas incluyen efectuar actos de despedida, como dejar mensajes o escribir cartas, regalar sus pertenencias, hablar o escribir acerca de tener deseos de morir”.
“Buscar en los medios digitales formas de desaparecer, expresar, sentirse atrapado, experimentar una sensación de vacío”, destacó.
“Ser una carga para los demás, así como llevar a cabo conductas autolesivas, como cortarse, quemarse o golpearse”.
La especialista agrega que también existen señales un poco más sutiles o indirectas de un potencial comportamiento suicida, como cambios en el estado de ánimo y la conducta.
También, la presencia de un carácter abrupto, modificaciones en los hábitos de alimentación o sueño, el aislamiento de su familia o pares, sentimientos de ira, alta angustia y descuido en la imagen de sí mismo.
Así como un posible aumento en el consumo de sustancias como el alcohol y/o drogas. Esto hace que la detección de la ideación suicida no sea tan fácil de lograr.
El aporte de la terapia DBT
Las psicólogas clínicas de Salud Avanza explican que la terapia DBT demostró ser de las intervenciones más efectivas y respaldadas por evidencia científica.
La finalidad es la reducción de comportamientos autolesivos, ideación suicida, la disminución de la probabilidad de hospitalización y un menor número de intentos suicidas.
Según Ruiz, “dentro del enfoque de la DBT, se han desarrollado diversos protocolos para abordar la ideación suicida, gestos suicidas, planificación e intentos de suicidio”.
“Este programa altamente estructurado implica un apoyo continuo al paciente, incluyendo terapia individual con el psicólogo responsable”, argumentó.
“En la cual la ideación suicida se aborda de manera directa como un comportamiento problemático, utilizando diversas estrategias terapéuticas”.
Además, este enfoque terapéutico implica la incorporación del paciente a talleres de habilidades grupales en los que se enseñan destrezas para afrontar momentos de crisis.
Junto con resolver conflictos interpersonales, gestionar las emociones y aplicar estrategias de atención plena.
“El paciente cuenta con el apoyo telefónico del terapeuta en caso de crisis, en el cual este puede asistirle en la implementación de las habilidades aprendidas”.
“Con el fin de prevenir conductas de riesgo, como el autolesionismo, los intentos de suicidio y otros”, añade Reinike en los meses de primavera.