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Esteban Montaner en Espacio Libre: ¿Jara o Kast? Lo que está en juego

Esteban Montaner en Espacio Libre: ¿Jara o Kast? Lo que está en juego
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Esta tarde se estrena en Agricultura TV un nuevo episodio de “Espacio Libre”, instancia donde expertos abordarán los temas más importantes de la contingencia a través de videocolumnas.

En este espacio, los destacados profesionales analizarán en profundidad distintos aspectos de la política y actualidad nacional e internacional, entregando perspectivas nuevas sobre los hitos que marcan el día a día.

Las columnas se estrenarán todos los lunes, miércoles y viernes a las 20:00 horas a través del canal de YouTube de Agricultura TV.

En esta edición del Espacio Libre, el investigador asociado de Res Publica Esteban Montaner, advierte que la próxima elección presidencial no solo definirá quién gobierna, sino quién realmente es quién dentro de la derecha.

La competencia electoral que se da en cada elección nos permite observar distintas propuestas para Chile. Son momentos donde las fuerzas políticas despliegan su visión del país y sus proyectos, muchas veces construidos sobre las urgencias del presente. Propuestas que responden a lo que la ciudadanía siente y demanda en un momento determinado.

Volver a vivir seguros, mejorar el estado de nuestra economía, ordenar la situación migratoria. Temas que tocan directamente la vida cotidiana de millones de personas. Pero las elecciones, además de ser un ejercicio democrático, sirven también para algo más profundo, para sincerar coaliciones, reordenar el tablero político y proyectar escenarios posibles.

Es en esos momentos donde los discursos se ponen a prueba, donde las alianzas se tensan y las diferencias afloran. En suma, donde se mide la madurez de un proyecto político y su capacidad de ofrecer algo más que consignas. Algunos han descrito el tiempo que vivimos como un momento líquido, usando, y muchas veces abusando, del concepto desarrollado por la sociología.

Se trata de una época de incertidumbre, de poca solidez, donde los límites de la realidad política y social se vuelven difusos. Y eso, precisamente, es lo que ocurre con la derecha hoy por hoy. Un sector que busca definirse, que intenta encontrar su identidad en medio de un escenario cambiante y fragmentado.

¿Qué significa ser de derecha en pleno siglo XXI? La pregunta parece sencilla, pero su respuesta está lejos de serlo. A simple vista, hay distintas plataformas electorales que reivindican ese concepto o que se señalan a sí mismas como partes de esa tradición. Chile Vamos, por ejemplo, se plantea como una coalición que, junto con defender ideas de derecha, busca ampliarse al centro.

Su discurso apela a una derecha moderna, abierta, que incorpora elementos del humanismo cristiano y de la socialdemocracia más propios de lo que entendemos como centro político. Por otra parte, partidos como republicanos, nacionallibertarios o socialcristianos han buscado posicionarse como los únicos representantes auténticos de la derecha. Para ellos, las posiciones centristas no serían más que concesiones al adversario ideológico.

Su apuesta a una defensa sin matices de los valores tradicionales, de la soberanía nacional y de un Estado más limitado, apelando a un electorado que se siente traicionado por las élites políticas y por la tibieza del centro. Esto es nada más que un resumen muy simplificado del escenario actual. Toda esta discusión se ha intensificado de cara a la presidencial de noviembre.

Las tensiones entre identidad y amplitud, entre pureza doctrinaria y pragmatismo electoral se han vuelto inevitables. Así, para ciertos sectores, aquellos que miran con mejores ojos hacia el centro, parece más peligroso un eventual triunfo de CAST que un gobierno encabezado por el Partido Comunista Chileno. Esta elección podría tener, sin embargo, una virtud, la de sincerar posiciones como ya hemos dicho, obligar a replantear alianzas, a definir proyectos, a dejar de lado la ambigüedad.

Sería una oportunidad para transparentar cuál es el proyecto que se quiere ofrecer a Chile y si mis aliados de hoy son los correctos para conseguir este objetivo mañana. El día siguiente de la primera vuelta será revelador, pero sólo cuando todo esté decidido en diciembre podremos trazar horizontes más claros. Claridad que requiere el sector, pues debe salir de cierta ambigüedad, debe dar certeza ahí donde los límites son difusos y poco claros, se debe sincerar quiénes caben en su interior y qué principios los unen.

La construcción de un proyecto político amplio, capaz de aglutinar a los defensores de una sociedad libre, moderna y con sentido de responsabilidad, sigue siendo una tarea pendiente. Un proyecto sin vetos previos, donde quepan quienes creen en el mérito, en el orden, en el respeto a la tradición y en la libertad como motor del desarrollo. La lucha por la hegemonía de la derecha está abierta aquí y en el resto del mundo.

No se trata de una disputa menor, es un debate ideológico, cultural y generacional. Hasta ahora la experiencia más exitosa ha sido la de Giorgia Meloni en Italia, que a través de un liderazgo firme, valiente y con ideas claras, ha logrado reunir a liberales, conservadores, nacionalistas y libertarios bajo una misma bandera. No eliminó las diferencias, pero supo ordenarlas bajo un propósito común, el de reconstruir un país desde la identidad y la convicción.

Nuestro país lleva años en esa búsqueda. Chile vive hoy una nueva etapa de una larga lucha interna dentro de la derecha. Las heridas del pasado, las divisiones, los personalismos siguen presentes y la historia nos enseña que los proyectos que se destruyen a sí mismos terminan dejando el camino libre al adversario.

Esperamos que esta vez no ocurra lo de siempre, que no sea el autosabotaje, la desconfianza o el afán de pureza ideológica lo que termine entregándole una vez más la cancha a la izquierda. Porque más allá de las etiquetas, lo que está en juego no sólo quién gobierna, sino el tipo de sociedad que queremos construir para el mañana.

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